Jaime de Althaus
Para Lampadia
El presidente de la Sociedad Nacional de Industrias, Felipe James, ha anunciado que varios gremios empresariales están viendo la forma de crear un partido político de empresarios y emprendedores. “Nos quejamos mucho de los políticos, pero dejamos que ellos gobiernen. Ya basta pues…ya es hora de que los empresarios tengamos una participación más activa en política”, le dijo a Martín Hidalgo de El Comercio.

Interesante. Es una novedad en la política peruana de las últimas décadas.
Empresarios han entrado a la política antes, como Rafael López Aliaga, pero a título individual. Varios formaron partidos para estas elecciones, que ya desaparecieron. Y algunos pocos se inscriben en partidos existentes, pero se diluyen. No ha habido un movimiento orgánico del empresariado en ese sentido. De hecho, se ha criticado mucho que la clase empresarial en el Perú no asumiera su papel dirigente y dejara la política en manos de terceros con frecuencia incompetentes o populistas o interesados en medrar en la política o en el Estado. La consecuencia ha sido una degradación creciente de la institucionalidad y de la calidad de los servicios públicos.
En el siglo XIX y en parte importante del siglo XX la mayor parte de presidentes civiles electos procedían de la clase dirigente. El Partido Civil, el primer partido moderno del Peru, reunía a la élite económica y social del país. Pero en la medida en que las clases medias y populares empezaron a tener derechos políticos y a participar, las clases altas y empresariales fueron desertando.
En ese sentido, este movimiento, si se concreta, implica un intento de las clases empresariales de reasumir un rol dirigente y político en el país.
Pero hay que hacer la atingencia de que aquí no estaríamos hablando del gran empresariado.
Quienes organizarían este partido son gremios vinculados a la “Unión de gremios”, cuyo núcleo principal está compuesto por la Sociedad Nacional de Industrias, la Cámara de Comercio de Lima, ADEX, CANATUR, la Asociación Automotriz del Perú, Perú Cámaras, la Plataforma de Mypes, transportistas y Gamarra. Allí hay empresarios grandes, pero también pequeños. Se trata de un movimiento empresarial pluriclasista.
Podríamos tener la suspicacia de que estos empresarios se organizan para buscar beneficios, protecciones o privilegios.
El caso paradigmático fue el de la Sociedad Nacional de Industrias, que defendía el proteccionismo arancelario que se implantó desde los 60 y sobre todo los 70 como parte de la estrategia de industrialización por sustitución de importaciones.
Como sabemos, se gestó así una industria ensambladora, artificial, cara y rentista, que succionaba ingresos a los consumidores.
Le vendía al mercado interno, pero no le compraba.
Con el paso a un modelo de economía abierta y libre, la industria se recompuso.
Ahora es real, competitiva e incluso exportadora.
Lo que eso significa es que los industriales ya no buscan ingresos y rentabilidad en los pasillos de los ministerios sino compitiendo en el mercado por el favor del consumidor. Se han vuelto libres en el sentido absoluto de la palabra. No tienen que reunirse a puertas cerradas con ningún ministro para obtener ventajas legales, y por lo tanto tienen autoridad moral para participar en política porque sus ingresos son legítimos.
Podrán y deberán exigir entonces reglas claras e iguales para todos, sin beneficios particulares. Eso deberá estar en su ideario. Libre competencia. No pueden aparecer como un grupo de interés. Tiene que ser un partido abierto.
Y podrán exigir un Estado desregulado para que la formalidad incluya a todos y no solo a unos pocos. Eso incluye las normas laborales, para que los micro y pequeños empresarios puedan formalizar a sus trabajadores con derechos.
Podrán también exigir y hacer que los impuestos que pagan se reflejen en servicios públicos eficientes que atiendan a la gente y que mejoren la calidad de vida y los ingresos de las personas. Darles sentido a sus impuestos.
Un partido de los empresarios y emprendedores sería así garantía de mejores servicios públicos y de que la corrupción en el Estado y en la obra pública, que depreda los ingresos tributarios, se reduzca al mínimo. Y sería de un gran apoyo al nuevo gobierno para que ejecute las reformas de segunda generación.
Un partido de esa naturaleza expresa la conciencia de que la economía no es un juego de suma cero, en el que lo que ganan unos lo pierden otros -como se predica desde la izquierda marxista- sino que en una economía de mercado todos ganan porque nadie puede vender más si los demás no tienen más ingresos. Si logra infundir esa conciencia al conjunto del país, se habrán acabado las ideologías clasistas y retardatarias.
Un corolario de esto es que no hay contradicción entre mercado y redistribución (siempre y cuando los impuestos no sean muy altos), pues a mayor crecimiento más ingresos fiscales. Pero que se usen bien.
Lo interesante es que un partido de los empresarios (abierto a no empresarios también por supuesto) expresaría el compromiso de la clase dirigente con el futuro del país.
El Perú recuperaría proyecto y destino. Bienvenido.
Lampadia






