Jaime de Althaus
Para Lampadia
Si el gobierno quiere despertar un nuevo ánimo productivo y de crecimiento acelerado en el Perú podría comenzar por proponer al Congreso la eliminación de cuando menos 8 de los 16 feriados -algunos absurdos- que hay en nuestro país. Sería la manera de recuperar la vocación de trabajo y desarrollo indispensables para salir de la pobreza y conquistar mucho mejores niveles de vida para todos. Un país pobre no puede darse el lujo de tener tantos días de descanso.

Pero no es que la mayoría no trabaje. En el Perú se da la paradoja de ser el país del mundo que tiene más días libres -sumando feriados y 30 días de vacaciones, como si fuéramos un país hiperdesarrollado-, y al mismo tiempo el país vinculado a la OCDE en el que la gente trabaja más horas al año.
Claro, el primero es el país formal. El segundo es el informal.
Mientras los formales descansan, los informales trabajan.
Los formales compensan el alto costo de la formalidad comprando bienes y servicios baratos de los informales.
Un equilibrio asimétrico de baja productividad.
Se trata de desregular profundamente para reducir el costo de la formalidad de modo que todos puedan crecer en el mercado formal. Devolver libertad económica para que el trabajo produzca más.
Pero la recuperación de una ética del trabajo implica no solo eliminar feriados y desregular, sino abandonar la dependencia de las donaciones y transferencias del Estado, que socavan la voluntad de auto superación. Que todos puedan generar sus propios ingresos. Es lo único verdaderamente digno. Desregulamos justamente para eso, para que todos puedan prosperar por sus propios medios, realizándose a sí mismos.
Esto debe aplicarse también a los gobiernos locales y regionales. Tienen que vivir de sus propios ingresos, no de los que reciban del gobierno central, como es ahora. Los gobiernos locales tienen ingresos propios, pero no recaudan porque están malacostumbrados a recibir el Foncomun, que ahora incluso se ha incrementado en dos puntos.
Eso fomenta la fragmentación al infinito del mapa político porque todos los pueblos quieren ser distritos o municipalidades de centro poblado, para estirar la mano y recibir rentas. Si tuvieran que recaudar sus propios ingresos, desaparecería el incentivo a la fragmentación.
El que no recauden fomenta algo más grave: la corrupción, porque nadie fiscaliza dinero que no ha aportado. Si vivieran solo de lo que recaudan, se verían obligados a cobrar, y eso generaría una base de ciudadanos contribuyentes que fiscalizarían el gasto, controlando la corrupción. Este tema tiene que plantearse en el debate nacional.
El pueblo peruano es trabajador y esforzado. El Perú desperdicia esa energía emergente bloqueando con regulaciones imposibles su ingreso a la formalidad. Y genera así las condiciones para que algunos prefieran la dependencia de las transferencias, socavando ese espíritu trabajador y constructor que es la energía del progreso nacional.
Pero comencemos por eliminar feriados, que benefician solo a una minoría formal y desalientan el espíritu de trabajo y superación que debe contagiar a todos los peruanos.
Lampadia






