Iván Alonso
El Comercio, 18 de setiembre del 2026
“Lo más importante de todo lo que dijo Warsh fue que piensa abandonar la ‘forward guidance’ u orientación futura”.
Kevin Warsh, el nuevo presidente de la Reserva Federal o Fed, como se suele abreviar, ha dado una muestra de independencia del poder político subiendo “la” tasa de interés. La tasa de la que hablamos es la tasa a la que los bancos pueden prestarse unos a otros el encaje que guardan en la Fed; su aumento repercute luego en las tasas que los bancos cobran a sus clientes. Antes de ser designado para el cargo, Warsh había sido ambiguo al respecto, sabiendo que el presidente Trump no quería que subiera. Pero hace tres semanas, desde Jackson Hole, le anunció entre líneas que lo iba a hacer: “una buena política monetaria ayuda a prosperar a las familias y negocios”.
Jackson Hole es un lugar idílico en Wyoming donde todos los años se reúnen los banqueros centrales para escuchar discursos y caminar por las montañas. El discurso del presidente de la Fed es el más esperado de todos. Lo que dijo Warsh allí va más allá del aumento de la tasa de interés que se acaba de concretar.
Dijo, por ejemplo, que la responsabilidad por la inflación norteamericana de los últimos cinco años “sits squarely” con la Reserva Federal, como quien dice que es responsabilidad de la Fed y de nadie más que de la Fed. No de la pandemia ni del precio del petróleo, sino de la Fed.
Dijo también con ironía –y esto explica lo anterior– que la cantidad de moneda en circulación tiene algo que ver con la política monetaria, aunque la idea parezca estar pasada de moda. Los banqueros centrales hoy se fijan más en las tasas de interés que en la cantidad de moneda que ellos mismos crean y que los bancos amplifican, pero no se puede ignorar sus efectos en los precios; o sea, en la inflación.
Pero lo más importante de todo lo que dijo Warsh fue que piensa abandonar la “forward guidance” u orientación futura, el nombre un tanto redundante, en inglés y en castellano, que se le ha dado a la práctica de anunciar qué cambios cree la Fed que podría hacer a su tasa de interés en el futuro cercano. Esta práctica, en su opinión, ha creado un espejismo. Las condiciones del mercado financiero, que deberían nutrir las decisiones de política monetaria, no reflejan tanto el estado real de la economía, sino más bien los anuncios de la propia Fed. Este cambio en la conducción de la Fed es un cambio para bien y puede ser el sello de su gestión.






