Jorge Yzusqui
Perú21, 18 de setiembre del 2026
«No podemos responder con nuevas normas, programas aislados o cambios de rumbo con cada ministro».
El Perú no necesita una nueva reforma educativa. Necesita sostener las políticas que funcionan, ejecutarlas bien y fortalecer las instituciones responsables de llevarlas a cada escuela. Esa es una conclusión central del informe Education and Skills in Peru de la OCDE de febrero de 2026.
El documento reconoce avances, pero su diagnóstico es preocupante: demasiados estudiantes no alcanzan aprendizajes indispensables y sus posibilidades de recibir una buena educación dependen del lugar donde nacen, de los ingresos familiares y de la escuela a la que acceden. Las brechas territoriales y socioeconómicas siguen marcando su futuro.
No podemos responder con nuevas normas, programas aislados o cambios de rumbo con cada ministro. El Perú cuenta con un currículo por competencias, una carrera docente que aspira a ser meritocrática, evaluaciones de aprendizajes y abundante información sobre sus escuelas. El problema es que estas herramientas no se traducen consistentemente en mejores prácticas en el aula.
La OCDE pone el foco en la distancia entre política y ejecución. Propone fortalecer la formación y el acompañamiento de docentes y directores, asegurar estándares mínimos y desarrollar instituciones con autonomía y capacidad técnica para supervisar la calidad. También señala que el presupuesto debe responder a necesidades reales: las zonas rurales, dispersas o de alta pobreza requieren más recursos, no menos.
Este gobierno no parte de cero ni tiene tiempo para discutirlo todo nuevamente. Debe recuperar lo avanzado, corregir lo que no funciona y garantizar continuidad durante cinco años. Cada año perdido significa una generación que avanza de grado sin comprender lo que lee ni resolver problemas básicos. La educación no necesita otra promesa de transformación. Necesita instituciones que funcionen y un Estado capaz de llegar, con calidad, hasta la última escuela del país.






