Ismael Benavides
Expreso, 11 de setiembre del 2026
Sabemos que un gobierno de izquierda trae pobreza, corrupción y parálisis económica. Un Gobierno de derecha garantiza libertades, democracia y el entorno para que se desarrolle la sociedad. En este proceso las expectativas juegan un enorme papel. Keiko empieza su gobierno con 60% de popularidad y altos índices de confianza entre los empresarios y los consumidores, pero tiene grandes retos por delante, la criminalidad que no cede, el Niño y sus efectos como la inflación y los daños a la gente. No es fácil mantener las expectativas que se han generado y el tiempo, los eventos y las percepciones de la gente siempre las erosionan. Según las mediciones del BCR hay algunos indicadores que caen un poco a agosto, como es natural, pero siguen muy positivas.
Sin embargo, mantener altas las expectativas es un arte. Un caso reciente a tener en cuenta es el del presidente Kast en Chile que asumió con un 46% de popularidad en marzo y hoy apenas tiene 30%. Cuando asumió el 11 de marzo el índice de confianza empresarial en Chile se disparó a 78.3 puntos, y las expectativas de los consumidores según Ipsos a 49.0 puntos. En agosto ambos habían caído a índices negativos, 48.21 puntos y 38.1 puntos respectivamente. Claramente se ha producido una brecha entre las expectativas iniciales y los resultados económicos y sociales percibidos. Diversas teorías se tejen sobre lo que ha pasado, la caída en el crecimiento de PBI en Chile que fue negativo en el primer semestre y las malas proyecciones para el año, la falta de empleo, la caída del consumo y la inseguridad que no cede están cobrando factura. Cerrar la brecha entre las expectativas creadas en la elección y las realidades percibidas conforme avance el gobierno es siempre una tarea difícil para los gobernantes.
El índice de confianza empresarial sobre la economía en el Perú cerró en julio a 62.3 puntos, en agosto bajó ligeramente a 57.3 y el de los consumidores está en 51 puntos, ambos aún terreno positivo. El solo hecho de la victoria de Keiko frente al abismo de Sánchez, y anuncios como la ratificación de Julio Velarde en el BCR, y las primeras declaraciones del ministro de economía dan una sensación de confianza. Sin embargo, así como en Chile, el optimismo puede desvanecerse cuando empiecen a aparecer distancias entre las expectativas y las realidades que percibe la gente y el empresariado. Las percepciones, hoy positivas, pueden cambiar si la población percibe un gobierno débil y descoordinado, si la criminalidad continúa a pesar de la salida de Arriola, y la economía empieza a ser golpeada por la inflación y el Niño.
No ayudan los mensajes contradictorios del MEF en varios temas, explícitos o no. El nombramiento de asesores antes duramente opuestos al Fujimorismo, la falta de anuncios sobre medidas de austeridad en el gasto público para poder destinar más recursos a el Niño desconcierta, cuando la opinión pública quiere ver ahorros en lo que perciben es el dispendio fiscal. El presupuesto del 2027 tampoco ayuda a una sensación de austeridad, ni a la creación de los colchones fiscales necesarios para enfrentar al Niño. No cabe duda de que la expectativa de la población es un rápido crecimiento de la economía una vez que pase el Niño, pero aquí otra vez en su Marco Macroeconómico Multianual, el MEF proyecta crecimiento de 3.4% en 2026 y 2027 que parece sobreestimado, y a partir del 2028 al 2031 solo proyecta 4% de crecimiento anual, que dista del 6% del plan de Gobierno de Fuerza Popular.
La principal función del ministro de Economía no cabe duda, es controlar la situación fiscal, la gestión del presupuesto público, la recaudación de tributos y la racionalización del gasto. Pero además su función es asegurar el marco para que la economía crezca y la población se beneficie, y el estado recaude más tributos. Pareciera que la correcta preocupación con la caja fiscal dificulta la dedicación a esos aspectos de las funciones del MEF que son muy importantes en las actuales circunstancias.
Personalmente me quedo con las proyecciones de Carlos Prieto, brillante economista senior del BCP que proyecta un crecimiento de 6% anual después del Niño. Para suerte del Perú tenemos una economía que exporta minerales y productos agrícolas que avanza a un ritmo positivo frente a los sectores golpeados por el Niño, lo que nos evita una mayor caída del PBI. El gran reto de Keiko será pasar de la mejor forma el bache del Niño, profundizar la lucha contra el crimen con resultados concretos, y mantener las expectativas positivas sobre su gobierno, y evitar el síndrome Kast, para que se dé el rebote esperado en el 2028, responda la economía de mercado, y volvamos a crecer, generar empleo, y reducir pobreza.






