Juan Carlos Llosa Pazos
El Comercio, 4 de setiembre del 2026
“Entrar en la modernidad no solo significa inteligencia artificial y digitalización, sino también aprender a valorar y conservar el pasado milenario de ciudades como Lima”.
Por muchos años, el Centro Histórico de Lima fue descuidado hasta llegar a niveles deplorables. De niño solía acompañar a mi papá al centro, donde laboraba, como la mayoría de padres de esa época, y recuerdo el desorden galopante de los ambulantes con su mercancía desperdigada por los suelos y los buses atravesando las estrechas calles, la suciedad y la tugurización de casonas y monumentos. Todo bien orquestado, como si hubiese un empeño desquiciado por destrozar ese patrimonio único en Sudamérica. Afortunadamente, mi padre me enseñó a valorar esas cosas desde niño.
La gestión del arquitecto Luis Martín Bogdanovich al frente de la Gerencia de Planificación, Gestión y Recuperación del Centro Histórico de Lima (Prolima), creada en 1994, viene realizando una extraordinaria labor de recuperación y mantenimiento de nuestro patrimonio histórico en la capital. Esta gestión constituye un ejemplo que debería replicarse en otras municipalidades provinciales que tienen bajo su cargo valiosísimos inmuebles y monumentos históricos preincas, incas, virreinales y republicanos.
Este titánico trabajo de restauración y puesta en valor nos permite hoy admirar la magnitud del patrimonio cultural y monumental de la Lima antigua. Son muchas las casonas, conventos, plazas y otros espacios recuperados estos años, además de la colocación, como sucede en las principales capitales históricas del viejo continente, de placas que indican el lugar de residencia de distinguidos personajes de la historia del Perú. Este gran esfuerzo necesita estar en armonía con la gestión gubernamental, principalmente en los sectores de educación, cultura, comercio exterior y turismo, para enseñar a la población a valorar y conservar el Centro Histórico de Lima y su legado virreinal y republicano.
Recientemente, la Municipalidad de Lima adquirió la Quinta Heeren, monumento histórico que está siendo recuperado por Prolima y que tiene grandes áreas verdes, bosques urbanos y monumentos, símbolo de una extinta estirpe señorial, donde se respira historia viva; un lugar que no solo fue residencia de una de las familias más importantes de Lima de fines del siglo XIX, los Pardo Heeren, sino que fue sede de las más influyentes legaciones diplomáticas en el Perú.
Entrar en la modernidad no solo significa inteligencia artificial y digitalización, sino también aprender a valorar y conservar el pasado milenario de ciudades como Lima, con una historia única, que los peruanos, y en particular los limeños, aún no logramos comprender en toda su gran dimensión. Prolima nos ayuda en ese propósito, que implica responsabilidad, madurez, civismo y cultura.






