Jaime de Althaus
Para Lampadia
Hemos planteado hace poco los componentes que debería tener una reforma efectiva de la descentralización.

Ver en Lampadia: Reforma de la descentralización.
Mientras se forma una difícil voluntad política para llevar adelante algo así, conviene revisar una experiencia que podría servir como guía el Ministerio de Economía (MEF) para trabajar con los gobiernos regionales (GORES) a fin de ordenar y hacer eficiente, en la media de lo posible, la ejecución de la obra pública regional.
Se trata del trabajo que desde el 2024 llevan a cabo Milton Von Hesse y su equipo con el gobierno regional de Cajamarca, bajo el auspicio de la Asociación Los Andes de Cajamarca (ALAC), vinculada a Yanacocha, con la finalidad de brindar herramientas al gobierno regional a fin de que ejecute más y mejor.
Dicho equipo se trasladó de manera permanente a Cajamarca.
Resulta que en el GORE Cajamarca hay 14 unidades ejecutoras, autónomas, una por provincia (lo que ya de por si obedece a una lógica clientelista más que de desarrollo regional).
El GORE reparte el presupuesto entre todas ellas en cantidades más o menos similares. En general ejecutaban poco y sin mayor priorización.
Lo primero fue aplicar una metodología de “riesgo y complejidad”: se selecciona proyectos listos y se deja de lado por el momento aquellos con expedientes técnicos deficientes, o a los que les falta análisis de impacto ambiental, financiamiento, etc.
Se realizan reuniones semanales con los equipos del GORE identificando unidad ejecutora por unidad ejecutora donde están los cuellos de botella y cómo resolverlos.
Era frecuente, por ejemplo, que algunas unidades ejecutoras tuvieran presupuesto importante atesorado en un proyecto paralizado porque faltaba una expropiación y otro problema, pero no soltaban el dinero, pese a que había otras unidades ejecutoras que ya habían gastado su presupuesto y les faltaba para terminar una obra. Se logró entonces que su pudiera transferir presupuesto de las unidades ejecutoras a las que les sobraba a las que les faltaba. Algo elemental que antes no ocurría.
El equipo de Von Hesse creó y entregó dos herramientas informáticas:
- Un dashboard o tablero de mando con los avances y cuellos de botella por cada unidad ejecutora que sirve de instrumento a la gerencia general y al gobernador y que desata una competencia entre las unidades ejecutoras. El equipo de Von Hesse elabora informes mensuales a la gerencia general y al gobernador señalando qué se tiene que mejorar o lograr ese mes.
- Un manual muy didáctico sobre qué y cómo hacer en todas las etapas del proceso de inversión pública, desde el planeamiento hasta liquidación de obra.
Además, el equipo brinda una capacitación transversal para todos los funcionarios del GORE y de las unidades ejecutoras.
Los resultados han sido notorios: la ejecución de la inversión ha pasado de alrededor de un 50% a un 91% el 2025. Y más recursos se han destinado al cierre de brechas prioritarias en educación, salud y carreteras: disminuyeron los locales educativos en mal estado, se duplicó la superficie pavimentada, por ejemplo.
Por supuesto, para que esto funcione se requiere la colaboración del gobernador regional. Porque sin decisión política al más alto nivel no se puede cambiar malas prácticas establecidas y romper pequeños feudos.
El MEF debería tomar esta experiencia y enviar equipos a todos los gobiernos regionales para realizar algo similar, aplicando las herramientas ya desarrolladas en Cajamarca. Fuera de todo lo que hay que hacer para restablecer rigor en el proceso de priorización y preinversión, que se relajó al extremo con la introducción del Invierte.pe.
Debería ir más allá: impulsar “contratos-plan” entre el gobierno central y gobiernos regionales y locales, para concertar proyectos multi provinciales o multi regionales de impacto, con el incentivo de que el gobierno central pone una parte de financiamiento y la dirección técnica. Esto es fundamental para poner fin a la atomización de las obras cuyo incentivo principal suele ser el robo, porque es más fácil robar en obras pequeñas no vigiladas. Mucho más difícil, en cambio, es hacerlo en una obra grande compartida por varios niveles de gobierno.
Será un gran logro llevar orden y eficiencia a la inversión pública regional y local.
Esto para acompañar y multiplicar, de paso, el impacto de la inversión privada en el desarrollo de las regiones, algo que está muy postergado y hasta combatido, como ha sido con los proyectos mineros en Cajamarca.
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