Juan Carlos Llosa Pazos
Contralmirante, analista militar y director general del Centro de Estudios Geopolíticos y de Seguridad Nacional (CEGESEN)
Para Lampadia
Los recientes terremotos ocurridos en Venezuela han traído como consecuencia la muerte de miles de personas, miles de heridos y desaparecidos, así como cuantiosa destrucción. Tragedia que lamentamos profundamente y que enluta a toda América. Se ha podido apreciar en esta tragedia la limitada organización y la respuesta poco eficaz de los rezagos de chavismo que aún gobiernan Venezuela, entre ellos la desprotección de los niños que son rescatados sin familiares visibles y quedan a merced de secuestros. No obstante, creemos que la tragedia venezolana deja lecciones a tomar en consideración.
Nuestro país, sin duda, está en una zona sísmica peligrosa. Desde hace varios años, tanto INDECI como CENEPRED vienen trabajando en la prevención y en tareas destinadas a salvar vidas y a mitigar los efectos de un gran terremoto. De producirse este fenómeno, las principales tareas serán rescatar personas, evacuar heridos, enterrar fallecidos, reubicar a quienes se quedaron sin hogar, además de abastecer de víveres, agua y otras necesidades apremiantes.
Si bien es cierto que los niveles de acción y los planes a nivel nacional, regional y local están establecidos, y se tiene ya una logística prevista cuyo empleo se sostendrá principalmente en las FFAA, recientemente el Centro de Estudios Geopolíticos y de Seguridad Nacional (CEGESEN) ha emitido un pronunciamiento que contiene varias propuestas para optimizar los sistemas de defensa civil y de prevención de riesgos y desastres, siendo la más significativa el restablecimiento de la Guardia Nacional, pero con un misionamiento distinto al que tuvo a lo largo del siglo XIX, época en la que aquella institución jugó un rol protagónico tanto en las luchas internas que se dieron en el Perú por décadas, como en el frente externo, principalmente en la Guerra con Chile.
La Guardia Nacional republicana tiene sus raíces en las milicias virreinales y fue constituida por vecinos, oficiales militares y navales sin colocación en sus respectivas instituciones, y por ciudadanos locales, entre los que se elegía a sus jefes.
Junto con el Ejército de línea y con la Armada, conformó la fuerza pública nacional. La GN constituía la reserva activa y la lideraba un inspector general. Las distintas unidades de la GN eran conformadas localmente y asignadas a los prefectos de departamento. Esta GN desapareció hacia finales del siglo XIX. Muchos de sus integrantes se inmolaron en defensa de la Patria, siendo uno de los más representativos el coronel de GN Alfonso Ugarte Vernal.
La GN propuesta para esta época se podría establecer como una organización dedicada exclusivamente a la labor de defensa civil, como órgano de apoyo a las FFAA que esté continuamente entrenando para cumplir las diferentes tareas que están establecidas para prevenir y mitigar los daños.
Esta nueva institución estaría conformada por militares que están en situación de retiro y que forman parte de la reserva, situación que se encuentra contemplada en la Ley de Situación Militar de los Oficiales de las FFAA, Ley N° 28359, lo cual contradictoriamente no está considerada en el reglamento correspondiente a esa ley.
Esto tiene que ser modificado para esta y otras actividades, como ya lo hemos mencionado anteriormente en esta columna.
También incluiría a los licenciados de las FFAA, así como a los profesionales civiles que forman parte de la reserva, y a los ciudadanos que voluntariamente se deseen alistar específicamente para casos de desastres naturales.
Esta GN participaría en la ejecución de los planes que están concebidos para la respuesta y mitigación de daños. Sus labores incluirían: apoyo a rescatistas, remoción de escombros, control del refugio, hospitales y centros de atención de emergencia, así como protección de personas vulnerables como niños y ancianos, manejo de cadáveres, entre otros. Ojalá esta iniciativa pueda llegar a buen puerto.
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