José Ignacio de Romaña
Perú21, 6 de junio del 2026
«El verdadero orgullo nacional no será únicamente celebrar el origen peruano de la papa, sino ver a los hijos de nuestros campesinos crecer sin anemia, bien alimentados, conectados al mundo y con oportunidades reales de prosperar».
La papa nació en nuestros Andes y desde aquí conquistó el mundo. Miles de variedades conservadas por generaciones de agricultores alimentan hoy a cientos de millones de personas. Nuestro país alberga una de las mayores diversidades genéticas del planeta y la papa forma parte esencial de nuestra gastronomía, cultura e identidad. Sin embargo, quienes producen este alimento viven en eterna pobreza.
Durante décadas se ha intentado aliviar estas dificultades mediante subsidios y programas asistenciales. Aunque atienden necesidades inmediatas, no resuelven el problema de fondo: la falta de oportunidades para generar mayores ingresos.
La solución pasa por generar más valor mediante infraestructura, conectividad, investigación, tecnificación agrícola, acceso al crédito, asociatividad y una mejor integración con los mercados.
Los altos niveles de anemia infantil en muchas zonas rurales reflejan esta realidad. Más allá de ser un problema de salud, está estrechamente vinculada a ingresos insuficientes que limitan la nutrición, la educación y las oportunidades futuras.
Por eso, combatir la anemia también implica impulsar la productividad del agricultor andino mediante semillas mejoradas, investigación y desarrollo, innovación tecnológica y la generación de valor agregado. Un ejemplo es Tiyapuy Foods, impulsada por Carlos Añaños, que demuestra cómo la industrialización de la papa puede abrir nuevas oportunidades para los productores. Sin embargo, el factor más transformador sigue siendo la conexión con los mercados. El tren hacia Brasil y los trenes de integración con la costa permitirían acercar al productor a millones de consumidores, reducir costos logísticos y dinamizar toda la economía regional, beneficiando a más de 700 mil familias que dependen directa o indirectamente de este cultivo.
Con miras a las elecciones del domingo, es importante recordar que el desarrollo del agro altoandino debe convertirse en una prioridad nacional. La papa es un commodity: China produce alrededor de 90 millones de toneladas al año y Estados Unidos más de 25 millones. Sin alta productividad, escala, valor agregado o acceso a mercados de mayor valor, muchos agricultores seguirán atrapados en la pobreza. El verdadero orgullo nacional no será únicamente celebrar el origen peruano de la papa, sino ver a los hijos de nuestros campesinos crecer sin anemia, bien alimentados, conectados al mundo y con oportunidades reales de prosperar. Mientras ello no ocurra, cada vez que consumamos una papa seamos conscientes de que detrás de ella probablemente existe una familia que vive en pobreza.






