Raúl Diez Canseco
Expreso, 11 de agosto del 2026
Hay muchos elementos positivos que hoy nos invitan a volver a mirar al Perú con optimismo. Las expectativas de los empresarios respecto de la situación de sus empresas, la demanda de sus productos, las inversiones futuras y la contratación de personal se ubican por encima de sus promedios históricos. Ese mismo ánimo se refleja en nuestra juventud. La reciente encuesta de RedWIN y DATUM, realizada en 45 países, muestra que los jóvenes peruanos exhiben un nivel de optimismo superior al promedio regional e incluso mundial.
Sin duda, la llegada del nuevo Gobierno, la conformación de su Gabinete y las primeras señales de una gestión cercana a la población influyen en este renovado clima de confianza. Basta recordar que, hace apenas cinco años, por estas mismas fechas, la incertidumbre política provocó una fuga de capitales superior a los 17 mil millones de dólares durante los primeros meses del gobierno de Pedro Castillo.
Hoy el panorama es diferente. Quienes invierten y quienes trabajan vuelven a apostar por el crecimiento, el desarrollo y la creación de empleo. Y es que no existe mejor política social que generar oportunidades de trabajo. Ningún programa asistencial puede sustituir la dignidad que representa un empleo formal para una familia peruana.
Por eso, resulta indispensable poner nuevamente en marcha la economía, destrabando proyectos paralizados y generando condiciones para atraer inversiones en sectores estratégicos como la industria, el comercio, la agricultura y el turismo. En este último sector, la construcción del teleférico de Choquequirao representa una oportunidad extraordinaria para transformar el desarrollo turístico del sur del país.
Choquequirao atendería, en su quinto año de operaciones, aproximadamente a un millón de visitantes anuales, lo que representaría ingresos cercanos a los mil millones de dólares para el Perú, considerando una permanencia promedio de diez días por visitante. Los aproximadamente 2 800 turistas que recorrerían diariamente el corredor turístico Cusco-Apurímac generarían un gasto estimado de 280 mil dólares diarios a lo largo de toda la cadena de valor.
Ello significará una transformación económica para provincias y distritos de Cusco y Apurímac, con nuevos hoteles, restaurantes, servicios de transporte y actividades agropecuarias. Paralelamente, será necesario fortalecer los servicios públicos —agua potable, saneamiento, electricidad, telecomunicaciones y transporte— para que las poblaciones locales desarrollen nuevos emprendimientos vinculados al turismo.
El fenómeno de El Niño no puede frenar estas expectativas de crecimiento. Por el contrario, debemos convertir las dificultades que impone la naturaleza en oportunidades para generar empleo, fortalecer nuestra infraestructura y dinamizar la economía. Allí permanece vigente la experiencia de Cooperación Popular, impulsada por el presidente Fernando Belaunde Terry, que permitió movilizar a miles de peruanos en obras de utilidad pública.
El mecanismo de Obras por Impuestos constituye otra herramienta de enorme valor. Caja Huancayo ha anunciado su aplicación para construir viviendas destinadas a familias afectadas por el reciente terremoto en Junín. Asimismo, Coca-Cola ha anunciado inversiones por mil millones de dólares durante los próximos cinco años y 90 millones adicionales mediante Obras por Impuestos para proyectos de agua y saneamiento en Pucusana.
El anuncio de la visita del papa León XIV constituye también una señal de esperanza. El papa ya apostó por el Perú. Regresará para encontrarse con un pueblo que conoce y aprecia, renovar nuestra fe y recordarnos que los grandes desafíos pueden convertirse en grandes oportunidades cuando una nación recupera la confianza en sí misma.
Hoy volvemos a mirar el futuro con optimismo. Mantengamos ese espíritu. Trabajemos unidos, generemos empleo, impulsemos la inversión y aprovechemos las oportunidades que tenemos por delante. Ha llegado nuevamente la hora de apostar por el Perú.






