Madeleine Osterling
Expreso, 15 de abril del 2026
No podemos tolerar más la incompetencia con olor a fraude. Piero Corvetto tiene que irse, y por la puerta falsa. No puede seguir un minuto más al frente de la institución que custodia el voto de los peruanos y menos durante la segunda vuelta. Ofrecer la cabeza de Samamé no es suficiente, la típica jugada de sacrificar a un subordinado para salvar al responsable político. Estas irregularidades prueban, una vez más, que cuando hay un caviar metido, el escenario se vuelve turbio y la transparencia se desvanece. No hay duda de que merece sus Horcas Caudinas. Como los ejércitos humillados de Roma, debería verse obligado a asumir públicamente la magnitud de su fracaso y pasar, sin excusas, bajo el yugo que exige la responsabilidad institucional.
Hay una larga historia de abusos en el país, pero lo ocurrido en este proceso electoral marca un punto de quiebre. Mas de 63,000 ciudadanos no pudieron votar porque sus mesas nunca se instalaron. Miles hicieron colas interminables para finalmente regresar a sus casas solo con rabia y decepción. No ha sido un incidente aislado sino una vulneración directa al derecho al voto. Con buen criterio, el pleno del Jurado Nacional de Elecciones decidió extender la votación hasta el día lunes 13 de abril. Sin embargo, conociendo los resultados de la boca de urna y del conteo rápido, esta votación tardía ya estaba contaminada, perdió neutralidad.
Corvetto tuvo la desvergüenza de señalar que habían votado 27M de peruanos, por lo que había plena garantía que los resultados serían reflejo del voto popular, desmereciendo a aquellos que por culpa de la ONPE no lo hicieron y como si esta cifra pudiera tapar su inmenso fracaso operativo. Peor aún, trasladó toda la culpa a un proveedor contratado – una empresa sin capacidad real para distribuir material electoral, con antecedentes de sanciones en 2020 y 2023-. El chivo expiatorio perfecto, sin embargo, recordemos que la responsabilidad no se terceriza. La elección de esta carísima e incompetente empresa es una negligencia dolosa que debe investigarse
Este episodio, además, no es aislado. Recordemos que en mayo del 2024 Corvetto no fue ratificado por la JNJ, sin embargo, logró mantenerse gracias a una reconsideración votada en una coyuntura particularmente conveniente, tras la reposición de los impresentables Inés Tello y Aldo Vásquez, avalada por una cuestionada decisión de la Corte Suprema.
Además, los múltiples observadores internacionales no agregan ningún valor, salvo gastos inútiles a sus países. Se pelean por venir al Perú porque los tratan como reyes. Vienen a pasearse, comer y certificar procesos que no alcanzan a comprender. No se van a complicar la vida. Su presencia es una formalidad clásica, para mantener el status de una burocracia dorada que termina siendo más un estorbo que una garantía.
En paralelo, la reacción política ha sido débil. Keiko, ya segura de su pase a la segunda vuelta, optó por un discurso tibio, apenas audible, limitándose a pedir una ampliación de horario, lo mismo que no solucionaba el tema de las mesas no instaladas. Demasiada prudencia se confunde con indiferencia. Nada que ver con el hombre fuerte y firme que fue su padre. Ella sabe que tiene un voto duro gracias a AFF y se debe a ellos. Si gana va a tener que alinearse y no tener tantas contemplaciones con sus adversarios. Para empezar, esencial que sea implacable con los caviares; son sus enemigos naturales.
Pero lo verdaderamente grave es que los funcionarios públicos en el Perú han perdido toda vergüenza. La vocación de renuncia ha desaparecido, mas aun cuando se trata de cargos cómodos y bien remunerados en el Estado. Todo el país señala con el dedo acusador a Corvetto, las investigaciones crecen y las evidencias se acumulan, pero se sigue aferrando al cargo. Parece que ni el repudio popular quiebra su indiferencia. La destitución es el único camino.






