Enrique Stiglich
El Comercio, 14 de octubre de 2026
“Enfrentar desafíos reales obliga a integrar conocimientos, decidir con información incompleta, experimentar, equivocarse, corregir y volver a intentar”.
En el 2005, las diez empresas más valiosas del mundo tenían una edad promedio de más de 100 años. Hoy, ese promedio se acerca a los 40. En solo dos décadas, un grupo de organizaciones con una larga tradición en el mercado fue reemplazado por una lista de empresas mucho más jóvenes.
El cambio se entiende mejor si miramos los nombres: Nvidia nació en 1993; Amazon, en 1994; Google, en 1998; SpaceX, en el 2002; Meta (Facebook), en el 2004. Solo Microsoft, fundada en 1975, figura en ambas listas. La tendencia es aún más evidente si sumamos a la discusión empresas como OpenAI (2015) y Anthropic (2021), que no cotizan en bolsa.
El liderazgo económico y tecnológico ya no es necesariamente el resultado de una larga historia. Depende cada vez más de la capacidad de anticipar el futuro y construir aquello que todavía no existe.
Paradójicamente, una de las categorías institucionales que menos ha cambiado es aquella llamada a preparar a las personas para el cambio. Las 10 universidades que lideran el ránking global THE tienen una edad promedio de 345 años.
Durante mucho tiempo, una parte fundamental del valor de la universidad consistió en dar acceso a conocimiento difícil de obtener fuera de ella. Hoy, las personas con Internet e inteligencia artificial tienen a su disposición una cantidad de información que hace veinte años habría sido inimaginable.
Las universidades enfrentamos cada vez más cuestionamientos sobre nuestra vigencia y nuestro valor. En Estados Unidos, solo el 32% de los adultos considera que la universidad prepara adecuadamente a los estudiantes para el mundo laboral del futuro. Quienes creemos en el valor de las universidades no podemos responder defendiendo el statu quo.
Por ello, es fundamental formar profesionales que no destaquen solo por su conocimiento. Debemos formar personas capaces de comprender un desafío y construir soluciones, incluso cuando las herramientas cambien y la respuesta al problema todavía no exista. En UTEC hemos llamado Mentalidad Builder a este enfoque.
La Mentalidad Builder requiere audacia global: medirse con los mejores y abordar problemas de gran complejidad con la ambición de construir, desde el Perú, soluciones relevantes para el mundo. Pero la audacia necesita fundamentos computacionales, sistémicos, matemáticos y de diseño. Las herramientas cambian y se vuelven obsoletas; los fundamentos permiten comprenderlas, cuestionarlas y crear las siguientes. También exige aprender de manera ágil mediante proyectos. Enfrentar desafíos reales obliga a integrar conocimientos, decidir con información incompleta, experimentar, equivocarse, corregir y volver a intentar.
Hoy, además, implica amplificar nuestras capacidades con IA y otras tecnologías. Un ‘builder’ comprende la herramienta y lo que existe detrás de ella. Por eso puede saber qué preguntar, qué verificar y, sobre todo, qué construir o mejorar con ella. Y nadie construye soluciones valiosas aislado del mundo. Es necesario vivir conectado con un ecosistema tecnológico y de start-ups que lo vincule con otros estudiantes, investigadores, emprendedores y empresas. Allí, las ideas enfrentan problemas reales y pueden convertirse en soluciones que generen valor e impacto positivo.
No sabemos cuáles serán las profesiones más demandadas en el 2040 ni cuáles de las herramientas que hoy enseñamos seguirán existiendo. Sí sabemos que habrá nuevos problemas, tecnologías y contextos. Al cumplir 15 años, UTEC reafirma esta apuesta: formar profesionales para enfrentar desafíos que hoy todavía no podemos imaginar.






