Enrique Gubbins
Perú21, 16 de octubre del 2026
«Porque recibir facultades no garantiza resultados. Habrá que convertirlas en medidas que eliminen obstáculos, generen oportunidades y se traduzcan en cambios reales para los ciudadanos».
En el Perú nos hemos acostumbrado a gobernar de emergencia en emergencia. Cuando la inseguridad se desborda, reaccionamos. Cuando se anuncia un fenómeno de El Niño, corremos a prepararnos. Son problemas graves que exigen respuestas. Pero hay otra emergencia, menos visible, que llevamos años postergando: la falta de crecimiento y de oportunidades.
La Cámara de Diputados aprobó delegar facultades legislativas al Ejecutivo para enfrentar la inseguridad y los riesgos de desastres. Bien. El problema es lo que dejó fuera. Las reformas para facilitar inversiones, reducir trabas, promover la formalidad y mejorar la gestión del Estado no encontraron espacio. Como si generar empleo y hacer funcionar al país pudiera esperar.
Siete de cada diez trabajadores peruanos son informales. No tienen la protección ni las oportunidades que ofrece un empleo formal. Y, sin embargo, seguimos haciendo difícil que una pequeña empresa crezca, cumpla sus obligaciones y contrate trabajadores. Nos preocupa la informalidad, pero mantenemos muchas de las barreras que la alimentan.
Con la inversión ocurre algo parecido. Queremos más proyectos mineros, infraestructura y empleos, pero acumulamos procedimientos, permisos y decisiones que se duplican o se retrasan. Exigir estándares ambientales y fiscalización es indispensable. Convertir cada trámite en una carrera de obstáculos, no.
Y está el Estado. Pedimos mejores colegios, hospitales y carreteras, pero seguimos tolerando una administración donde demasiadas veces pesa más el cambio político que la capacidad profesional. Sin funcionarios preparados y reglas que permitan ejecutar, más presupuesto no garantiza mejores resultados.
Corregir todo esto requiere decisiones. Y ahora le toca al Senado. Tiene la oportunidad de ampliar el alcance de las facultades e incorporar reformas concretas, con límites claros y rendición de cuentas. No se trata de entregar un cheque en blanco al Ejecutivo, sino de darle las herramientas para destrabar inversiones, facilitar la formalidad y hacer que el Estado funcione.
Y allí viene la verdadera prueba para el Gobierno. Porque recibir facultades no garantiza resultados. Habrá que convertirlas en medidas que eliminen obstáculos, generen oportunidades y se traduzcan en cambios reales para los ciudadanos. Aprobar decretos es fácil. Lo difícil es lograr que algo cambie. El Senado tiene la oportunidad de abrir esa puerta. El Ejecutivo, la responsabilidad de no desperdiciarla.






