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Lima-Perú, 09/10/2020 a las 11:10am. por Pablo Bustamante Pardo

Fragilidad y humildad

Una lección universal

Pablo Bustamante Pardo
Director de Lampadia

Mucho se habla de la nueva normalidad después de la pandemia del covid-19. Muchos análisis muestran la oportunidad de plantear mejoras, pero muchos otros expresan afanes refundacionales y hasta el deseo de introducir contrabandos ideológicos en la opinión pública.

Se está aprovechando para negar los logros sociales y económicos del Perú de los últimos 25 años, los logros de nuestra economía de mercado.  Que la mala política haya impedido mejoras institucionales, no contradice ni elimina nuestros logros, como haber:

  • bajado la pobreza de 60 a 20%,
  • disminuido la desigualdad,
  • bajado la mortalidad infantil de 75 a 18 por mil,
  • multiplicado el PBI per cápita por diez,
  • bajado la inflación a 2.5% anual.

Además de haber creado una importante clase media emergente, llevado la inversión y el empleo a las regiones, acumulado reservas monetarias y fiscales, bajado la deuda externa y alcanzado el grado de inversión que nos permite acceder a financiamiento competitivo.

Todo esto se logró con altos niveles de inversión que llegaron a 25% del PBI, generando alto crecimiento y una importante generación de recursos fiscales.

Como decíamos en Lampadia: ¡Qué buena década! - ¡Queremos otra!, “aún estamos lejos resolver nuestros grandes problemas institucionales, sociales y económicos, pero si antes la posibilidad de enfrentarlos y resolverlos era una ilusión, un sueño o una promesa, hoy está en nuestras capacidades, hoy podemos dar un gran salto adelante para superarlos”.

A nivel global, hace 200 años el 90% de la humanidad vivía en la pobreza extrema; antes de la pandemia, ésta había bajado a solo 9%. Habiéndose acelerado la reducción de la pobreza en las décadas recientes, con una mayor apertura económica y mayor comercio global. 

Lamentablemente, el proceso peruano de mejoras sociales y económicas se suspendió paulatinamente a partir de 2011, con el nefasto gobierno del nacionalismo de Humala; y continuó y se acentuó, increíblemente, durante los gobiernos de PPK y Vizcarra; a tal punto de que ya no recordamos que podemos hacer las cosas bien.

Es una pena que muchos analistas no puedan ver el vaso medio lleno. Ellos prefieren machacar lo logrado para construir sus propuestas. En este sentido, tenemos, por ejemplo, lo que afirma Alfonso de la Torre de Hacer Perú: “El Covid-19 ha dejado claro que el Perú, lejos de un ‘milagro económico’, era el ‘pobre con plata’ al que se refería Alberto Vergara (‘El síndrome Pablo Escobar’, El Comercio 20/11/2016). De hecho, el shock producido por la epidemia en cierto modo le da el golpe de gracia a una imagen del país que hace rato no era más que un espejismo”. O libros como ‘Qué se puede hacer con el Perú’ de Ghezzi y Gallardo, o ‘El Perú está calato’ de Ganosa y Stiglich, que en Lampadia tuvimos que desvirtuar con nuestro ensayo: Aprendamos a sumar y multiplicar ¡Qué “calato”… ni que ocho cuartos!

No es necesario pues construir una propuesta destruyendo los avances del país. Hay que aprender a sumar y a buscar mejoras. Hay que dejar de lado el lenguaje refundacional, un radicalismo que solo valida las propuestas ideológicas de los enemigos de la economía de mercado.

Pero estas críticas destructivas se dan también más allá de nuestras fronteras. Tal vez uno de los contrabandos ideológicos más llamativos es el de la última encíclica del Papa, “Fratelli tutti”.

Donde, como lo explica Ian Vásquez del Instituto Cato, se pontifica sobre el estado del mundo arremetiendo contra la globalización, mostrando desprecio hacia los hechos y la evidencia. Se condena el individualismo y el nacionalismo como si fueran partes del mismo fenómeno en vez de ser conceptos opuestos.

Dice Vásquez que resulta cansador repetir los hechos acerca de los enormes avances de la humanidad respecto a la reducción de la pobreza y un sinfín de mejoras en el bienestar debido a un mundo más liberal. Pero es necesario cuando se repiten falsedades con tanta frecuencia. Resulta cansador también volver a aclarar que ningún liberal piensa que el mercado resuelve todos los problemas, pues por supuesto que la sociedad civil y el Estado juegan papeles claves.

¡Aprendamos a sumar!

Una lección universal

Una lección que si debemos sacar y aprovechar de la pandemia, es la necesidad de ser más humildes. La pandemia ha demostrado la fragilidad del ser humano y la fragilidad del conjunto de la humanidad. Absolutamente todos hemos sido impactados por la pandemia y entendido nuestra fragilidad.

Evidentemente, ante ella, lo realista es reconocer nuestras debilidades y asumir una visión de la vida de las personas y de las sociedades más empática con nuestros semejantes, que nos lleve a actuar reconociendo que todos estamos juntos en la búsqueda del bienestar y la prosperidad. ¡Una humanidad más humilde sería un gran avance social¡

Donde debe empezar la humildad es con los gobiernos, algo completamente lejano del comportamiento del gobierno peruano, que más bien se ha manejado durante la pandemia con unos niveles insoportables de soberbia.

Ahora nos toca a los ciudadanos de a pie, asumir el ejemplo y ambicionar a ser grandes, como posibilitan nuestras capacidades, y humildes en nuestras actitudes. Lampadia

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