Jaime de Althaus
Para Lampadia
Las segundas vueltas son polarizadoras por definición, y la polarización siempre desata la pasión en detrimento de la razón. Y más aun cuando uno de los contendores es una Fujimori.

Lo que, a mi juicio, no tiene sentido, es votar en blanco cuando se sabe que una opción es claramente más peligrosa para el país que la otra.
Tampoco entiendo que haya quienes consideren que ambas candidaturas son igualmente peligrosas o potencialmente destructivas para la economía o para la democracia.
César Hildebrandt, por ejemplo, ha escrito que él no puede votar por la izquierda retrógrada de Sánchez, pero tampoco “por la pandilla de la señora Keiko Fujimori. No podría considerarla jamás el mal menor cuando sé que esta hija vitalicia y parásita sería lo peor que le puede suceder a mi país sobre todo ahora cuando promete hacer el gobierno que hubiese hecho su padre, dictador corrupto y asesino”.
¿“Pandilla de la señora Keiko Fujimori”?
Sus colaboradores más cercanos, integrantes de su plancha presidencial, son Luis Galarreta y Miguel Torres.
Galarreta proviene del Partido Popular Cristiano y Torres es hijo de Carlos Torres y Torres Lara, quien presidió la comisión de congresistas que elaboró la Constitución de 1993.
Ambos han sido formados en valores republicanos y democráticos.
También colabora estrechamente con ella Patricia Juárez, de larga trayectoria democrática e identificada con la defensa de la Constitución. Ella presidió e integra la comisión de Constitución del Congreso.
¿“…hija vitalicia y parásita…”?
A diferencia de su padre, que creaba un partido político para cada elección porque su verdadero partido eran las fuerzas armadas cuyo secretario general era Vladimiro Montesinos, Keiko Fujimori construyó con gran esfuerzo y en un clima muy adverso un partido político organizado en un país en el que el sistema de partidos había estallado en mil pedazos y los partidos reales desaparecían.
Es decir, ha hecho un aporte institucional concreto a contracorriente creando una organización política real en una “democracia sin partidos” como la llamó Martín Tanaka.
Y se ha ocupado personalmente de mantener una bancada ordenada y disciplinada en un Congreso de bancadas caleidoscópicas.
¿“…sería lo peor que le puede suceder a mi país sobre todo ahora cuando promete hacer el gobierno que hubiese hecho su padre, dictador corrupto y asesino.”?
Autócrata sí, pero veamos. Keiko Fujimori ha decidido esta vez revalorar aspectos positivos de la gestión de su padre -no los negativos-, con dos objetivos electorales: darle respaldo a su propuesta de orden y seguridad, y recuperar votación en los sectores rurales y del interior.
El gran activo de Fujimori fue poner orden en la economía y en la sociedad, derrotando a la hiperinflación, abriendo y liberalizando la economía y venciendo al terrorismo.
Lo que derrotó a Sendero Luminoso y al MRTA no fue el horrendo grupo Colina sino una estrategia inteligente liderada por el propio presidente de la República -como siempre se reclamaba- basada en una alianza con las comunidades -dándoles armas y desarrollo- y en la inteligencia policial.
Por eso la cúpula fue capturada, no ejecutada extrajudicialmente.
El Perú no ha capitalizado aun para el orgullo nacional la excelencia de esa estrategia.
Sin embargo, Fujimori fue juzgado y condenado a 25 años de cárcel paradójicamente por violación de derechos humanos, pese a que la matanza de los estudiantes de La Cantuta fue ejecutada sin órdenes superiores y por la sola decisión de Martin Rivas, como demostró Ricardo Uceda en “El Pentagonito”.
Fujimori debió ser juzgado por haber violado la Constitución al reelegirse por segunda vez montando para ello un aparato de control político de los poderes constitucionales, de las instituciones y de la prensa.
Fue, efectivamente, un autócrata. Pero es obvio que no es ese lado el que reivindica Keiko Fujimori.
El compromiso de la candidata con la democracia es claro y se expresa en los actos que hemos reseñado: la construcción partidaria, la conducción de la bancada, a lo que hay que agregar el impulso a una reforma constitucional fundamental como fue el retorno a la bicameralidad, que sirve para reforzar los controles horizontales de la democracia liberal y prevenir los abusos legislativos de la unicameralidad. Lo que ella querrá hacer es consolidar la Constitución que se aprobó durante el gobierno de su padre, no violarla perpetuándose en el poder ni cambiarla para ese efecto, lo que no podría hacer tampoco.
También ha tenido errores y decisiones lamentables, pero es obvio que Keiko Fujimori no va a instalar una dictadura ni va a destruir la economía, lo que sí ocurriría con Sánchez.
No hay punto de comparación. Pensemos en el futuro del país.
Lampadia






