Jaime de Althaus
Para Lampadia
Según Datum, Keiko Fujimori inició su gobierno con un 60% de popularidad, un nivel similar al de otros presidentes salvo Pedro Castillo, que comenzó su gestión con un porcentaje mucho más bajo. Es muy importante que la presidenta logre mantener ese nivel de popularidad o incluso aumentarlo, para tener el capital político que le permita llevar a cabo las reformas de segunda generación que suponen cambios profundos que afectan intereses que se benefician del statu quo.

A diferencia de los otros mandatarios, que fueron perdiendo aprobación popular con el paso de los meses, es posible que Keiko Fujimori logre mantener a lo largo del tiempo ese nivel de popularidad o eventualmente incrementarlo, por varias razones:
La primera y fundamental es que su gobierno parece tener un norte claro, determinación y planes concretos para mejorar los servicios básicos, a fin de que la población pueda acceder a ellos a plena satisfacción.
Es decir, reconstruir la capacidad del Estado para resolver los problemas de la gente.
Por supuesto, no será fácil cambiar paradigmas de gestión e introducir esquemas público-privados.
Tampoco será fácil reducir gasto innecesario o duplicado e introducir meritocracia retirando personal no calificado, inicialmente en la capa directiva del Ejecutivo, lo que supone cubrir unos 1,000 puestos clave, y al mismo tiempo acelerando el tránsito de todos los empleados públicos al régimen meritocrático de la ley de servicio civil, poniendo fin al empleo público sin obligaciones de desempeño. Pero debe resolverse el problema de que muchas personas calificadas no quieren ingresar al Estado por el riesgo que implica una Contraloría muy arbitraria.
Quizá menos complejo sea desregular y digitalizar profundamente el Estado, algo que se lograría en menos de un año gracias al apoyo de programas con inteligencia artificial aportados por el BID, lo que ayudará a que muchos informales accedan a la formalidad, más aun si se logra simplificar y flexibilizar la normatividad laboral.
El nivel de popularidad de la presidenta se mantendría relativamente alto, en segundo lugar, porque lo que garantizaría que la mejora de los servicios y el acceso a la formalidad efectivamente se cumplan es que por primera vez habrá en Palacio de Gobierno un “comando de cumplimiento” que hará el monitoreo permanente y riguroso del avance de 10 grandes objetivos que se propondrá este gobierno para dejar como legado, removiendo los obstáculos para su logro.
En tercer lugar, porque una de las funciones de ese comando de cumplimiento será precisamente la comunicación estratégica para informar acerca de los avances y conseguir el apoyo de la opinión pública a las reformas, que pueden generar resistencias. El gobierno incluso tendrá un vocero que explicará las decisiones, acciones y logros, una función que, salvo durante breve periodo en el gobierno de la presidenta Boluarte, nunca ha existido en el Perú.
Y en cuarto lugar, relacionado a lo anterior, tenemos el estilo de liderazgo de la propia presidenta Keiko Fujimori, conduciendo las tareas de desarrollo en el campo, en contacto directo con la población, viajando permanentemente al interior del país. Algo que se pondrá de manifiesto en las labores de prevención y mitigación de los efectos de El Niño.
Pero se requerirá del apoyo del Congreso a las reformas, comenzando por la aprobación de las facultades legislativas.
Porque reformar y arreglar un Estado degradado y corrompido es más difícil que construirlo desde cero.
Se necesitará de la colaboración y el empuje de todos.
Lampadia






