Carlos E. Gálvez Pinillos
Expresidente de la SNMPE
Para Lampadia
Con la instalación de las cámaras de senadores y de diputados, se ha dado inicio a las primeras rabietas de los políticos de izquierda. Y digo esto, porque no sólo los parlamentarios han salido a reclamar “falta de transparencia” en la votación y a criticar, que la prensa no haya podido ingresar al recinto del Senado durante la elección de la mesa directiva. El punto es que, éstos pretenden coaccionar la voluntad y el libre albedrío de los senadores, poniéndolos bajo el escrutinio de las cámaras de los periodistas.

La elección de las mesas directivas se realiza mediante voto secreto, pero a la izquierda, de dentro de la cámara y de fuera del congreso, se le ha antojado, que ellos tienen derecho a romper el mandato del voto secreto. Esto replica las formas extorsivas a las que estas mafias están acostumbradas. Recordemos si no, la imposición, por parte de los sindicatos filo terroristas, o de las comunidades campesinas e indígenas, en las que obligaban (obligan) a los miembros del sindicato o comunidad, a tomar foto de su voto antes de depositarlo en las urnas.
Tenemos en el congreso, diputados como Julián Pérez, el pegalón de mujeres, nacido en La Mar, Ayacucho, pero también dirigente cocalero del VRAEM y
Senadores como Iber Maraví, otro sindicalista ayacuchano del SUTEP-CONARE, organismo generado del MOVADEF, que fuera ministro de trabajo de Castillo, sólo para forzar el reconocimiento de ese “sindicato”.
Obviamente, ambos tienen conocimiento y larga práctica en el manejo de comunidades y sindicatos.
Sin duda, por ese mecanismo se les somete a castigo físico, se les corta el acceso al agua de riego -si se trata de las juntas de regantes- y ahora, en el congreso, se les quiere someter con las mismas prácticas ilegales e inconstitucionales a las que se han mal acostumbrado.
Me llamó la atención, que una abogada y notaria del Perú, salga en defensa de prácticas nacidas de las reglas de la mafia; hasta que se hizo evidente que, su paso de un partido social cristiano a las filas de la izquierda, no era otra cosa que su voluntario rol de topo. Como todos sabemos, la Cosa Nostra, imponía sus reglas al margen de la ley y, por supuesto, con métodos que también están al margen de ésta. Estemos advertidos, porque ese lumpen ya se enquistó en la política y, ahora, o los purgamos o tendremos que vivir atentos a sus manejos en los tres estamentos de gobierno y organizaciones populares.
Algunos han hecho remembranzas de la compra de voluntades y votos, conducida por Montesinos en el pasado. Y no hay duda que, esa práctica de la compra de votos, al igual que lo ocurrido en el último congreso con “los niños”, es absolutamente censurable.
Pero es igual de censurable la coerción que se pretende ejercer sobre senadores y diputados, que no se allanen a sus designios de obstruir la instalación y marcha del senado, en este caso, y a sus maniobras a futuro.
Estaba claro, desde el primer momento, que 50% del senado respaldaba al ejecutivo y 50% ofrecía una oposición que, desde la proclamación de los resultados electorales, se ha mostrado intransigente y falto de voluntad para reconocer su derrota.
No pudieron manejar la elección de la mesa directiva del senado y se han quedado con sangre en el ojo. Ahora quieren obstruir y bloquear lo que sea que proponga el nuevo gobierno de la presidente Fujimori.
En resumen, la izquierda está en su derecho de pensar diferente, pero no es correcto que apelen a métodos mafiosos para imponer su voluntad y que, violando el espíritu y la letra de la Constitución, quieran someter a los parlamentarios a “mandato imperativo”, cuando la cámara y su reglamento, deciden que una votación sea secreta.
Tampoco es correcto que la prensa quiera ponerse por encima de una decisión de voto secreto, ni tiene por qué pasearse “como Pedro por su casa”, dentro del recinto de ambas cámaras. Es claro que, esto ocurre, sólo para algunos procesos de votación, que así se dispongan y no para todos.
Tal como manda la constitución, los senadores y diputados deben ejercer el voto de conciencia, y no el voto por consigna.
Lampadia






