Alfredo Guzmán
El Comercio, 5 de noviembre del 2026
“El primer nivel de atención, que podría resolver el 80% de los problemas de salud, recibe solo el 24% del presupuesto”.
En setiembre de 1978, en Alma-Ata, hoy Almatý, Kazajistán, ocurrió un hito histórico en la salud pública mundial: la declaración “Salud para todos para el año 2000”, que estableció que la salud era un derecho fundamental y posicionó a la atención primaria de salud como el eje central de sus políticas sanitarias, la que implicaba una participación de la comunidad y en la cual sus componentes básicos eran saneamiento, inmunización y nutrición.
Es bueno recordar que esta conferencia, a la que asistieron 134 países, fue organizada por la OMS y Unicef, liderada por el Dr. Halfdan Mahler, director general de la OMS, y un compatriota nuestro, el Dr. David Tejada de Rivero, como subdirector de la misma entidad. Sin embargo, han pasado 48 años y en nuestro país esta política, que se instrumentaliza a través del primer nivel de atención compuesto por sus casi 9.000 centros y puestos de salud en el territorio, no ofrece las garantías suficientes para brindar una atención integral. La causa es que tanto desde el punto de vista político como presupuestal se tuvo una mirada más centrada en lo hospitalario, una infraestructura costosa, que necesita especialistas, equipamiento de alto nivel y personal administrativo, por lo que muchos no funcionan y otros están paralizados por hechos de corrupción.
El primer nivel de atención, que podría resolver el 80% de los problemas de salud, recibe solo el 24% del presupuesto y cuenta con solo el 37,5% del total del personal asistencial. Por ello tiene el 97% de sus establecimientos con capacidad resolutiva inadecuada e insuficiente debido a la infraestructura, equipamiento y recursos humanos. Además, el 54% no tiene acceso a Internet, por lo que no puede realizar teleconsultas.
Creemos que la política principal del Ministerio de Salud debe ser fortalecer un modelo que priorice el primer nivel de atención, pero con cuidado integral familiar y comunitario, lo que comprende no solo lo curativo, sino también lo preventivo y promocional de la salud con abordaje territorial y multisectorial, que incluya en mayor proporción condiciones crónicas y no solo transmisibles, pues la población se hace cada vez mayor. Los hospitales solo deberán atender casos complejos que serían referidos desde el primer nivel.
Para iniciar el fortalecimiento, lo ideal sería un levantamiento rápido de la infraestructura del primer nivel de atención que dé cuenta del saneamiento legal (si el terreno no pertenece al Estado, no se pueden hacer mejoras de los establecimientos en su parte física). También ver las necesidades de equipamiento, medicinas, insumos y recursos humanos. Se deberían recategorizar los establecimientos de salud, reducir su número al consolidar varios de ellos y focalizarse en el fortalecimiento de los 748 establecimientos estratégicos georreferenciados a escala nacional, ya identificados, que serían aquellos que funcionen las 24 horas con cuatro especialidades: medicina, pediatría, ginecología y obstetricia y cirugía, y servicio de imágenes y laboratorio que ofrezcan atención ambulatoria, emergencias y servicios especializados.
Lo que el ciudadano quiere saber, si tiene un problema de salud, es saber a dónde va, quién lo va a atender, cuánto le va a costar, si le harán un análisis, si le darán medicinas y, si no se resuelve allí, dónde lo van a referir, y así no continuar con la incertidumbre, las colas, la falta de medicinas y el gasto de bolsillo.






