Carlos Cabanillas
Perú21, 5 de noviembre del 2026
«Dijeron en campaña que López-Chau no era un radical, que era de centro-izquierda, moderado y de consenso. Y ahora le reprochan justamente eso: no ser radical, ubicarse en la centro-izquierda, ser moderado y promover cierto consenso. ¿Quién los entiende?»
El infantilismo purista de cierta izquierda linda con lo ridículo. Quienes aseguraron en la campaña electoral que Alfonso López-Chau era un moderado, ahora lo critican precisamente por moderarse. Se pasaron meses afirmando que López-Chau no era un radical, prometiendo que sería un hombre de centro-izquierda moderna y de consenso. Y ahora le reprochan justamente eso: no ser radical, ubicarse en la centro-izquierda y promover cierto consenso. ¿Quién los entiende?
Esa izquierda juró que López-Chau ya no era el joven extremista que acompañaba al terrorista Víctor Polay. Decía que López-Chau se había alejado de los subversivos y había abrazado la democracia. Esa misma izquierda ahora ataca a López-Chau precisamente por no acompañar al Movadef de Iber Maraví, por alejarse de esos subversivos y por seguir las reglas democráticas en el Congreso. Y son tan obtusos que lo han terminado empujando hacia la derecha.
En el colmo del absurdo, a López-Chau se le reprocha además ser admirador de Haya de la Torre, como si leerlo fuese un insulto. Y como si fuera una novedad su parentesco con el APRA. ¿Sabrán que Indira Huilca también viene de una familia aprista? ¿Que Pedro Huilca promovía un frente con Alan García en 1995? ¿O que su viuda Martha Flores candidateó con el APRA al Congreso en 1995?
La izquierda dice admirar a José Mujica, Dilma Rousseff y Michelle Bachelet. Pero cuando un exradical peruano deja las armas para entrar al juego democrático inmediatamente intentan destruirlo. Lo quiso hacer el PUM con Alfonso Barrantes. Lo pretendió hacer la izquierda comunista con Armando Villanueva. Y lo intentó hacer la izquierda chavista con Yehude Simon. En lugar de romper con la subversión, cierta izquierda insiste en el infantilismo de flirtear con el terrorismo golpista, como lo hacen Maraví o Castillo.
La izquierda peruana debe dejar de ser la eterna oposición y aprender a (co)gobernar como lo hace en la región. Moderarse, modernizarse y madurar.






