Carlos E. Gálvez Pinillos
Expresidente de la SNMPE
Para Lampadia
Tomo el título de este artículo, de una sentida composición de Augusto Polo Campos, extraordinario compositor de nuestra música peruana. Lo hago porque en ella nos habla de nuestra hermosa tierra llena de santos y gloria, de nuestro pasado tan lleno de historia, donde Dios nos dio la vida. Y, agregó, “te agradezco señor por nacer y vivir en este suelo”, rematando con un “este es mi país, de aquí no me voy, yo soy muy feliz, peruano yo soy ¡Patria querida!”.
Este vals fue compuesto hace medio siglo; antes de que la izquierda socavara las bases de nuestra cultura peruana, estimulara la fragmentación por la diversidad y condiciones socioeconómicas, tensión entre géneros y etnias existentes en nuestra sociedad. Increíble, cómo después de cinco siglos de mestizaje y un crisol de razas y sangres, todos cantábamos unidos con emoción y la voz quebrada, “Contigo Perú”.
El Perú no ha dejado de ser un país alegre, que disfruta ciertos episodios emocionales de corto plazo, pero durante este último medio siglo, la medición de la felicidad que cantaba Polo Campos, ha decaído.
Y encuentro en eso, una de las razones más poderosas para elegir autoridades como lo venimos haciendo.
Cuando uno ve los indicadores económicos del Perú, mostrados tantas veces por Lampadia, tales como crecimiento del PBI, ingreso per cápita, exportaciones, inversión, inflación, estabilidad de nuestra moneda; podemos apreciar que, aunque podrían ser mucho mejores, hemos tenido una mejora substancial.
Pero, paralelamente, hemos crecido bastante más en burocracia, en exigencia tributaria a los que pagamos impuestos, aunque no en la calidad de la infraestructura y los servicios públicos que merecemos los ciudadanos.
La casta política, fiscal y judicial corrupta del pasado reciente, nos ha ido robando la felicidad. Ha creado multiplicidad de universidades, gasto puro y duro innecesario, pero no por interés en la educación, sino por corrupción.
No ha mejorado la educación primaria, secundaria y menos la infraestructura para estos servicios, aunque han gastado mucho más en planillas.
Esperamos un plan de ejecución calendarizado para la mejora de la disciplina, restablecimiento del principio de autoridad, calidad de maestros, dotación de infraestructura y calidad educativa.
Se han recaudado mucho mayores impuestos, pero no se brinda mejores servicios de salud, ni entregado más y mejores hospitales y postas médicas, debidamente atendidos. Las largas “colas” para conseguir una cita médica, de laboratorio o de imágenes, siguen siendo insufribles. Ni qué decir de la cantidad de equipos propios o alquilados (por los que se paga un infierno de dinero), pero que se encuentran inoperativos. Esto, por no mencionar la escasez de medicinas en los hospitales del MINSA y ESSALUD. Felizmente, el ministro de salud lo tiene identificado y esperamos lo resuelva muy pronto, además de establecer una ruta crítica de solución, con plazos verificables.

Andrés Oppenheimer, en su libro “Cómo salir del pozo”, dice que, un estudio liderado por Sonja Lyubomirsky, de la Universidad de California en Riverside, concluye, que “el éxito no conduce a la felicidad, sino que mucha gente tiene más energía, más creatividad, más tolerancia al fracaso y más empatía, indicadores de su felicidad, y esto los lleva a ser más exitosos”. Y, comenta, que el Reino Unido, incluye en sus censos, cuatro preguntas:
- ¿Qué tan satisfecho estás con tu vida actualmente?
- ¿Qué tan feliz te sentiste ayer?
- ¿Qué tan ansioso te sentiste ayer?
- ¿Hasta qué punto sientes que las cosas que haces en tu vida diaria valen la pena?
Yo diría que ahora, que todos tenemos un celular, podríamos hacer una encuesta trimestral, adecuando las preguntas a nuestra realidad, de esta manera podríamos monitorear el nivel de felicidad de nuestra población, acentuar las medidas correctivas y lograr un país más feliz y exitoso.
Pero si queremos devolverle la felicidad al ciudadano peruano, tenemos que brindarle seguridad en las calles, en los colegios de sus hijos, en el transporte público.
Esto requiere un claro alineamiento entre las fuerzas del orden, la fiscalía y el poder judicial.
Necesitamos eliminar muy rápidamente la corrupción en esas tres instituciones.
Está claro, que de nada sirve aumentar las penas, si estas no son efectivas muy rápidamente.
Tenemos que aumentar la eficacia en la captura de los delincuentes y, juzgarlos y sentenciarlos de inmediato, bajo condiciones de flagrancia; caso contrario, los criminales no recibirán nunca el castigo de la sociedad, reduciendo el costo del crimen.
Tenemos que actuar, con carácter de urgencia, en el aumento y renovación de la flota de servicio de transporte público.
El maltrato cotidiano al ciudadano en su movilización diaria al trabajo y estudio, atenta directamente contra su felicidad.
Para bajar el estrés, debemos dar grandes facilidades para el uso de transporte público masivo.
Agua potable, desagüe, electrificación y conectividad a internet e infraestructura educativa decente, son tareas pendientes, que requieren atención inmediata, para mejorar nuestra felicidad.
Sólo así podremos decir siempre, ¡Qué lindo es mi Perú!
Lampadia






