Maite Vizcarra
El Comercio, 29 de octubre del 2026
“El caso del Exército Do Lula muestra que toda estrategia gubernamental –cuando ya se es gobierno–, en pleno siglo XXI, también requiere una estrategia para la ciudadanía digital”.
Un “ejército” de más de diez millones de personas cambió el rumbo de una de las elecciones más reñidas de Brasil. Ese ejército no estaba en la milicia, aunque militó fuertemente en base a una sola consigna: hacer sentir su energía más allá de las pantallas. ¿Qué se puede aprender del triunfo de Lula da Silva, más allá de coincidencias o discrepancias ideológicas?
Lula acaba de lograr una remontada histórica, luego de perder la primera vuelta frente a Flávio Bolsonaro y ganarle en segunda vuelta con el 51,79% de votos. Fue una victoria estrecha, pero épica por el nivel de involucramiento digital que convocó en tan solo dos semanas.
El protagonista inesperado de esta hazaña fue el autodenominado #ExercitoDoLula (Ejército de Lula), un canal de WhatsApp impulsado por el diputado André Janones que reunió a más de diez millones de seguidores. Desde allí, se promovieron mensajes y acciones para movilizar simpatizantes, convirtiendo a la tecnología en una verdadera herramienta de organización territorial.
¿Qué diferencia lo que ha ocurrido en Brasil respecto de otras campañas digitales en la región y el mundo? Ha sido el salto del clictivismo –ese deporte de indignarse a través de los clics y los “likes”– a un real espíritu de hacker cívico a través de un intenso uso de herramientas digitales coordinadas colectivamente todos los días, a toda hora, vía una serie de tareas que lograron un efecto de tsunami. Así, diez millones de seguidores se transformaron en una red de ciudadanos que dejó de ser una mera audiencia expectante para empezar a difundir, compartir o contraatacar la desinformación del bando opuesto, con videos creados con IA.
Y lo revelador vino después, cuando en su discurso de victoria, Lula prometió: “Vamos a hacer que el pueblo participe más de nuestras decisiones y la comunicación digital va a ganar muchísimo espacio”. Intuyo que no habla solamente de publicar más videos, sino de capitalizar de forma positiva esa energía ciudadana, justamente a través de tareas concretas.
El protagonismo del Ejército de Lula también respalda una práctica que ya es norma en los gobiernos de Latinoamérica: hablar mucho con las personas muchas veces al día vía redes sociales. Con todo, esta práctica no ha terminado de producir la conversión lograda en la última semana en Brasil, pues –la verdad sea dicha– los gobernantes de nuestra región siguen repitiendo una comunicación unilateral sin lograr encauzar la energía de la ciudadanía digital.
Traspasar la frontera no es fácil, pero el caso del Exército Do Lula muestra que toda estrategia gubernamental –cuando ya se es gobierno–, en pleno siglo XXI, también requiere una estrategia para la ciudadanía digital. Es decir, de espacios y habilidades que faciliten el enrutamiento de sugerencias, ideas, conversaciones y hasta cocreación de soluciones públicas.
¿Y el Perú? Aquí, como ciudadanos digitales, nos toca capitalizar los espacios digitalizados que nos ofrezcan, sean públicos o privados. Y crear comunidades útiles, contrastar información y ejercer vigilancia más allá del griterío. Y a los políticos en ejercicio o los aspirantes, les toca entender de qué va esto de la digitalización, más allá del mercadeo y la autopromoción.
El reto del cuarto gobierno de Lula será dar continuidad a la chispa que encendió al ejército, ese que le dio la victoria mediante espacios institucionales de ciudadanía digital. ¿Lo logrará?






