David Tuesta
Perú21, 29 de octubre del 2026
«En materia tributaria, por tanto, la competitividad de un país no depende exclusivamente de sus tasas impositivas».
La literatura económica lleva décadas estudiando este problema. Cuando una inversión es difícil de revertir y existe incertidumbre, esperar adquiere valor. Es la conocida lógica de las “opciones reales” desarrollada por varios autores como Dixit y Pindyck, que señala que, ante reglas inciertas, una empresa puede racionalmente postergar un proyecto aun cuando este tenga un valor presente neto positivo.
Pero existe un segundo canal menos evidente: la productividad. Cuando las empresas deben destinar gerentes, abogados, contadores y recursos financieros a resolver durante años controversias que podrían haberse evitado, esos recursos dejan de utilizarse para innovar, invertir, contratar o expandirse.
En materia tributaria, por tanto, la competitividad de un país no depende exclusivamente de sus tasas impositivas. Depende también de la predictibilidad de su administración tributaria y de la capacidad del sistema para resolver discrepancias de manera rápida, independiente y a costos razonables.
Precisamente sobre esto alerta el Informe Ronin publicado el último lunes en este diario. Las apelaciones ante el Tribunal Fiscal cayeron de 7,711 en 2024 a 4,399: una reducción de 43% en apenas un año y el nivel más bajo de la última década. Al mismo tiempo, la Sunat obtuvo resultados favorables en 75% de las controversias analizadas por Ronin, su máximo del periodo.
El Informe Ronin analizó 3,807 resoluciones del Tribunal Fiscal entre 2015 y 2025. En controversias inferiores a S/10,000, Sunat obtiene un resultado favorable en 71% de los casos; entre S/10,000 y S/100,000, también en 71%; y entre S/100,000 y S/1 millón, en 63%. Sin embargo, cuando la controversia supera S/1 millón, su tasa de éxito cae a apenas 38%.
Visto al revés, en aproximadamente 6 de cada 10 controversias superiores al millón de soles, termina prevaleciendo el contribuyente. Son casos que atravesaron fiscalización, reclamación y apelación, consumiendo recursos privados y públicos y manteniendo durante años obligaciones relevantes bajo incertidumbre.
Esto no significa que toda fiscalización que finalmente pierde Sunat haya sido incorrecta. Pero sí plantea dos preguntas incómodas. ¿Por qué una proporción tan elevada de controversias importantes termina siendo corregida o revertida? ¿Cuántos contribuyentes con montos menores simplemente deciden no continuar porque defenderse cuesta más que pagar?
Ahí está el verdadero problema económico. Una buena administración debería medirse por cuánto recauda correctamente evitando litigios innecesarios. Cuando una decisión tributaria impredecible altera una decisión empresarial, el costo ya no termina en Sunat ni en el Tribunal Fiscal. Termina convertido en menor inversión, menor productividad y, finalmente, menor crecimiento.






