Alejandro Deustua
Contexto.org
25 de agosto de 2025
Para Lampadia
La confrontación de amenazas complejas como El Niño y el crimen organizado requiere estrategias claras y cooperación internacional precisa.
En el primer caso Estados Unidos ha mostrado disposición a asistir al Perú auscultando requerimientos puntuales. No ocurre lo mismo en el segundo caso. Aquí las autoridades norteamericanas han agregado complicación a la complejidad de la amenaza enmarcándola en una doctrina geopolítica en la que subyace la pretensión de consolidar una zona de influencia en América.

En efecto, en una reunión de ministros de Defensa de 18 países americanos realizada en Panamá (12 de agosto) con el propósito de fortalecer el compromiso de los participantes en la defensa colectiva del Canal, el Secretario de Guerra norteamericano agregó a este escenario geopolítico tradicional (los ejercicios PANAMAX) planteamientos sobre la operatividad de la Coalición de las Américas contra los Carteles conocida como Escudo de las Américas.
Si bien la complejidad de las amenazas de seguridad contemporáneas ha popularizado el concepto de guerra híbrida, éste no debiera, por sensatez y eficacia estratégica, entreverar más los escenarios convencionales con los no convencionales.
Sin embargo, el Secretario insiste en amalgamar la estrategia de la defensa del Canal de Panamá y otros emprendimientos de seguridad colectiva (que reclama el concurso tradicional de las fuerzas armadas) con la lucha contra los carteles (que requiere de planeamiento y medios distintos con eventual respaldo de esas fuerzas).
Para que no queden dudas al respecto, ha encargado al Comando Sur la tarea de liderar las acciones anti-carteles caracterizadas hasta ahora por el discrecional ataque con misiles de lanchas rápidas en el Caribe y el Pacífico y el aniquilamiento de sus tripulaciones sin que quede claro si éstas eran efectivamente narcotraficantes (que probablemente lo eran). En este caso, el Secretario no desea distinguir entre las acciones de interdicción legal y la aplicación de tácticas de “decapitación” que se emplean en el Medio Oriente.
Adicionalmente, se ha recomendado a los ministros de Defensa latinoamericanos el retiro de sus estados del fuero de la Corte Penal Internacional para facilitar la tarea militar.
Y se ha procedido a identificar como “globalistas” a quienes no privilegian la exclusiva acción militar en la lucha anti-carteles olvidando por completo los escenarios de producción de coca (que requieren de erradicación forzada, importante sustitución de cultivos y reducción sustancial de la demanda) y de consumo de cocaína además de la sofisticada “cadena de valor” del crimen organizado.
Para añadir grandilocuencia a la propuesta, esa autoridad ha recordado que el emprendimiento se lleve a cabo en el marco de la Doctrina Donroe. Como se sabe, ésta requiere la confrontación de interlocutores extra-regionales en América en términos del interés geopolítico estadounidense entremezclada con el combate de agentes terroristas (una pesadilla estratégica que se le ha planteado a Panamá). Esos agentes ciertamente tomarán nota de la elevación de su status.
A estos efectos el funcionario ha ido más allá. Durante una reunión anterior de ministros de Defensa del Hemisferio (5 de marzo) definió en dos ámbitos el escenario donde se desarrolla la confrontación enmarcada en la Doctrina Donroe.
El primero incumbe a la “Gran Norteamérica” que incluye al “Golfo de América” (una reiterada redefinición del Golfo de México) y a Groenlandia (la redundante disposición a controlar un territorio cuyo soberano es Dinamarca). Así fue definido el territorio que abarca “desde Groenlandia hasta Ecuador y desde Alaska hasta Guyana” situado al norte de la línea ecuatorial (que podría comprender, por tanto, a Colombia, Venezuela y parte de Ecuador) y que no debe definirse, dijo, en el ámbito del “sur global”.
Si ese espacio hubiera sido referido sólo como el primer perímetro de defensa de Estados Unidos (como ha ocurrido en el pasado) la afirmación no habría presentado mayor inconveniente. Pero la redefinición unilateral de territorios ajenos y la disposición a actuar en ellos por derecho propio para fortalecer “postura y presencia” indica vocación expansionista aunque el Secretario lo niegue.
Un segundo espacio hemisférico es el suramericano (al sur de la línea ecuatorial) vinculado a la presencia de la cordillera andina y la Amazonía. Aquí el énfasis se concentra en alianzas y distribución de responsabilidades para defender el Atlántico y Pacífico sur, la infraestructura crítica y los recursos en asociación con Estados Unidos y otros países occidentales. En él operará también el Escudo de las Américas. Siendo esta aproximación más benigna que la proclamada “Gran Norteamérica”, su formulación incluye el concepto de zona de influencia cuestionado desde el Tratado de Versalles de 1919 a pesar de constituir una realidad de las relaciones internacionales.
La compleja interacción entre la singular proyección del poder norteamericano en un diagrama geopolítico convencional no compartido y la lucha tutelada contra el crimen organizado confunde y complica innecesariamente la cooperación en este último emprendimiento e inhibe el uso razonable de la fuerza. Esto debe esclarecerse.
Lampadia






