Ricardo León Dueñas
Expreso, 15 de octubre del 2026
No resulta increíble en lo absoluto que la ultraizquierda, la izquierda y sectores de la progresía, junto a sus adláteres, pseudoperiodistas y activistas, hayan puesto el grito en el cielo por el reciente lanzamiento de la contundente iniciativa de la presidenta de la República, Keiko Fujimori. Esta propuesta consiste en la formación de un Comando Unificado, una estrategia conjunta entre las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional del Perú (PNP) para combatir la inseguridad ciudadana y el crimen organizado. Queda demostrado, de manera palmaria, que este sector se opondrá a todo lo que signifique luchar contra la delincuencia que azota al país, tal como lo hicieron en el pasado al apoyar, abierta o solapadamente, al terrorismo de ultraizquierda que su padre, Alberto Fujimori, derrotó durante su gobierno.
Primero acusaron a Keiko de no tener un plan para combatir este flagelo. Luego, pasaron a criticarla por una supuesta inacción propia de sus primeros días en el poder y, después, por haber “gobernado” en la sombra los últimos años, un disparate que, a fuerza de repetirlo, algunos despistados comenzaron a creer. Esto ocurre cuando es obvio que el fujimorismo no ha gobernado el Perú desde su abrupta salida en el año 2000, ¡hace 26 años! Si bien ha tenido desde aquel entonces diversas representaciones parlamentarias, varias mayorías relativas y una mayoría absoluta en el periodo 2016-2019 —hasta el inconstitucional, abusivo y prepotente cierre del Congreso por el canalla de Martín Vizcarra, hoy en prisión purgando una condena por corrupción—, debemos recalcar que el Parlamento no gobierna. Lo hace el Ejecutivo, y los últimos presidentes que se han sentado en el sillón de Pizarro han sido todo menos eficientes y honrados.
De igual manera, resulta preocupante observar cómo el radicalismo de izquierda ha llevado al Congreso a una serie de abiertos representantes y admiradores del terrorismo de Sendero Luminoso; elementos nocivos para quienes la democracia es tan solo una vitrina para exponer sus demenciales ideas y fomentar el caos en las sesiones del Parlamento. Un sujeto como el senador Íber Maraví —con vínculos familiares e ideológicos con el Movadef, brazo político del siniestro movimiento terrorista de Sendero Luminoso—, sumado a otros cuadros colocados en el Legislativo por la agrupación comunista Juntos por el Perú, debe abrirnos los ojos sobre el perverso accionar de estos remanentes criminales que son enemigos declarados de nuestra patria. De ahí que no extrañe que, cada vez que pueden, armen escándalos en las comisiones y plenos del Congreso, insulten abiertamente a los ministros que acuden a dicho poder del Estado y se enfrenten violentamente a sus pares de los partidos democráticos.
La democracia no debe ser boba ni amedrentarse por gente que pretende coaccionar al Gobierno en la lucha contra la violencia e inseguridad ciudadana. Si antes apoyaron al terrorismo, al cual se le venció con inteligencia y acción, hoy se debe hacer lo mismo con las organizaciones transnacionales del crimen organizado que vienen azotando al Perú. Punto para el gobierno.






