Ricardo León Dueñas
Expreso, 16 de abril del 2026
A cuatro días de la desastrosa jornada electoral, es difícil empezar a analizar lo que vivimos —o, mejor dicho, sufrimos— el último domingo. Al momento de escribir estas líneas, increíblemente, todavía no sabemos quién pasará definitivamente a disputar la segunda vuelta contra la ganadora de la primera vuelta, Keiko Fujimori.
El desesperantemente lento conteo de una ONPE que no genera ninguna confianza nos ha venido dando a cuentagotas una muy reñida votación de los aspirantes a pasar al “ballotage”, principalmente entre el derechista Rafael López Aliaga y el izquierdista Roberto Sánchez, este último atropellando en el último tramo de la elección. Empero, no podemos dejar de mencionar la manera sesgada y ralentizada de la ONPE en esta contabilización, prevaleciendo el voto rural (favorable a Sánchez) en detrimento de contabilizar en simultáneo lo que queda del voto urbano y el que viene del extranjero (favorable a López Aliaga).
Esta pésima performance de la ONPE y su jefe Piero Corvetto es la que ha contribuido a crear un clima enardecido en ciertos candidatos y en sus simpatizantes, sobre todo en los exasperados predios de López Aliaga, el principal perjudicado en la jornada electoral, habida cuenta además de la muy sospechosa demora en la instalación de las mesas en Lima Metropolitana, su principal bastión electoral, lo que impidió que un significativo número de ciudadanos no pudiera ejercer su derecho al voto, mayoritariamente de derecha. Sin embargo, objetamos cualquier llamado a la insurgencia civil o una anulación de elecciones, no hay causal legal para ello.
Queda claro entonces, que el problema no lo han generado ni los partidos políticos en pugna, ni menos aún una ciudadanía que supo responsablemente cómo votar pese a los anuncios apocalípticos de una masiva anulación de votos por la dificultad de ejercer este derecho en una cédula sábana que contenía ¡Treinta y cinco! filas de candidatos por cinco columnas de votaciones, un récord mundial absoluto de aspirantes políticos, sino la ONPE, que ha conseguido convertirnos en el hazmerreír del mundo con unos comicios llevados con los pies.
De esta manera, el Perú, penosamente, se muestra al mundo como una republiqueta bananera que no puede llevar a cabo un simple proceso electoral para elegir a sus gobernantes de una manera medianamente decente… una vergüenza.
Sobre la elección congresal, los conteos van a demorar cierto tiempo para determinar el número de partidos que superen la valla electoral y quiénes serán los elegidos para conformar el nuevo Parlamento. Recuerden, se necesita tener 5 % en senadores y tres curules y/o 5 % en diputados y siete curules para pasar dicha valla y así tener representación parlamentaria; por lo que la información que se viene divulgando, recogida de la ONPE sobre las agrupaciones que encabezan estas votaciones y quiénes encabezan los votos preferenciales, nos podrían dar solo una proyección inicial y preliminar de esta elección.
En todo caso, se estima que entre seis y siete partidos tendrían bancadas, todo indica con mayoría de derecha y el centro, el resto mantendrían su inscripción solo hasta enero de 2027.






