Jaime Dupuy
Gestión, 21 de agosto del 2026
Esta actividad económica ha sido una de las pocas políticas públicas que ha logrado trascender gobiernos de distinto signo político.
Todo apunta a que este año las exportaciones superarían, por primera vez, los US$ 100,000 millones, consolidando una trayectoria de crecimiento sostenido que ha convertido al sector en uno de los principales motores de la economía nacional. No obstante, sería un error asumir que estos resultados están garantizados.
El Perú ha construido una de las redes de acuerdos comerciales más amplias del mundo. Hoy contamos con acceso preferencial a 59 mercados que representan el 82% del PBI mundial y el 42% de la población del planeta. Esta política de apertura comercial ha sido, probablemente, una de las políticas públicas más exitosas de las últimas décadas.
Pero la apertura comercial no es un objetivo que se alcanza una sola vez. Es un proceso permanente que exige actualizar acuerdos, abrir nuevos mercados y adaptarse a las nuevas reglas del comercio internacional. El Gobierno deberá culminar la ratificación de los acuerdos ya negociados y concluir las negociaciones pendientes, como con India. La inserción internacional del Perú no puede perder dinamismo.
Al mismo tiempo, el escenario internacional exige una estrategia mucho más sofisticada. La creciente utilización de aranceles, investigaciones comerciales y restricciones vinculadas a temas como trabajo forzoso, seguridad nacional o sostenibilidad, demuestran que las barreras al comercio ya no son únicamente arancelarias. El Perú debe anticiparse, fortalecer su capacidad de negociación y coordinar posiciones entre el sector público y privado para proteger el acceso de nuestras exportaciones a los principales mercados.
La competitividad tampoco depende únicamente de los tratados comerciales. Los sobrecostos logísticos, la infraestructura insuficiente y la excesiva tramitología reducen la capacidad de competir. Por ello, la facilitación del comercio debe convertirse en una prioridad nacional. La consolidación de la Ventanilla Única de Comercio Exterior (VUCE), la interoperabilidad entre entidades públicas, la digitalización de procedimientos y la eliminación de trabas regulatorias deben acelerarse.
Otro eje fundamental será la infraestructura logística. El nuevo puerto de Chancay, la modernización del sistema portuario nacional y el desarrollo de corredores logísticos que integren el Pacífico con Brasil ofrecen una oportunidad histórica para convertir al Perú en la principal plataforma logística de Sudamérica. Sin conectividad eficiente entre puertos, carreteras, ferrocarriles, aeropuertos y pasos de frontera, esa oportunidad podría desaprovecharse.
En ese mismo esfuerzo, las nuevas Zonas Económicas Especiales Privadas deben implementarse con rapidez y criterios técnicos.
Finalmente, el mayor desafío será mantener una visión de largo plazo. El comercio exterior ha sido una de las pocas políticas públicas que ha logrado trascender gobiernos de distinto signo político. Esa continuidad explica buena parte del éxito exportador del país.
Los primeros US$ 100,000 millones en exportaciones deben ser vistos como un punto de partida y no como una meta alcanzada. El verdadero desafío será construir las condiciones para que el Perú duplique nuevamente su capacidad exportadora durante la próxima década.






