Iván Arenas
Perú21, 25 de setiembre del 2026
«Es cierto que el precio del valor de los minerales —sobre todo el bendito cobre, pan del Perú— subió, pero no es cierto que por ello el segundo aprismo fuese exitoso».
Contra García, algunos analistas/periodistas y comunistas, socialistas y “progresistas” en todos los sentidos, desarrollaron una feroz crítica en el sentido de que Alan habría dirigido en “piloto automático” su gobierno y que todo el “relativo éxito” de su segundo quinquenio se debió solo y exclusivamente al auge del precio de los minerales, eso que se llamó un súper ciclo, debido al crecimiento económico de China.
Como si dirigir un gobierno y llevar un avión en piloto automático ha de ser lo mismo, con tal de restarle méritos, se ninguneó la capacidad de la política, el liderazgo y el buen gobierno. Pero reducir la pobreza 20% en cinco años —cuatro puntos porcentuales cada 12 meses— no es éxito del piloto que “pilotea en piloto automático” sino de la ambición de un hombre que, seguro de sus tremendos yerros pasados, puso empeño y voluntad (“heideggeriana”) para hacer un nuevo gobierno que reivindique su nombre y lo eleve a disputar el título del mejor presidente del siglo XXI. ¿Quién ha logrado reducir la pobreza en tan poco tiempo?
Supo este altivo político que hubo de rodearse de los mejores y convocó a otras mujeres y a otros hombres con mayor experiencia, conocimiento, contactos y quizá con más inteligencia que él sin distinguir signo ideológico; que le ayudaron a hacer crecer la economía, lograr superávit fiscal, ensanchar la clase media y asombrar al mundo en medio de recesiones económicas.
Es cierto que el precio del valor de los minerales —sobre todo el bendito cobre, pan del Perú— subió, pero no es cierto que por ello el segundo aprismo fuese exitoso. El éxito del alanismo tuvo un verbo exitoso: gobernar; que es arte, ciencia, profesión, drama, teatro, todo a la vez. Porque para hacer crecer la economía, pactar con los adversarios, controlar las rabietas de la izquierda otrora chavista, radical y en aquel momento con la billetera gruesa, aguantar la acción directa de las masas azuzadas por el humalismo de polo rojo que arremetía desde las regiones; no se necesitaba otra cosa que gobernar.
No es objetivo de esta columna comparar biografías, pero los sendos gabinetes alanistas se configuraron de gente de primer nivel que incluso hoy —por sus cualidades— siguen vigentes.
Es cierto, los desafíos y retos de hoy no son los de 2006; los de ahora quizá estén carcomiendo la República —la enorme ineptitud estatal, las economías ilegales, las bandas criminales y semejante corrupción—, pero hoy, con mayor urgencia, se necesita del liderazgo político de quien algún día desafió a la banca nacional y luego entendió que sin mercado no hay Estado.
Durante el castillismo empezó una nueva subida del precio del cobre (hoy está dos veces su valor que en el 2006); sin embargo, nada sucedió con “amauta Castillo” y los que llegaron después. Ojalá, Keiko Fujimori pueda reducir la pobreza y hacer crecer la economía como en el segundo alanismo.






