César Burga Rivera
Perú21, 30 de agosto del 2026
«Un mercado bursátil al alza y la extraordinaria creación de valor de Amazon le permitieron entregar decenas de miles de millones de dólares sin que su patrimonio disminuyera en una proporción semejante”.
En mi artículo anterior escribí sobre el extraordinario caso de éxito que representa Amazon y cómo llegó a superar los US$3 trillones de valor de mercado. También comenté que cuando Jeff Bezos y MacKenzie Scott se divorciaron, en 2019, ella recibió acciones de Amazon valorizadas entonces en alrededor de US$36,000 millones.

Durante los días siguientes a la publicación, varias personas me hicieron casi las mismas preguntas: ¿y qué fue de la vida de MacKenzie? ¿Qué hizo con su dinero? ¿A qué se dedica?
Comienzo satisfaciendo la curiosidad de mis amables lectores. MacKenzie volvió a casarse en 2021. Y lo hizo con alguien que parecía la antítesis de Bezos: Dan Jewett, un profesor de Ciencias del colegio donde estudiaban sus hijos. Pero el matrimonio duró poco: se divorciaron en 2023.
Pero esa es apenas una nota al pie de página. Lo verdaderamente interesante de la vida de MacKenzie Scott después de Amazon es lo que decidió hacer con su fortuna.
Creó Yield Giving, una organización dedicada a identificar y financiar instituciones que trabajan en causas muy diversas: comunidades afroamericanas, niños y niñas de hogares pobres, mujeres, especialmente aquellas víctimas de la violencia de género, comunidad LGBTQ+, educación, vivienda, Boy Scouts y Girl Scouts, poblaciones vulnerables de África, medioambiente y muchas otras.
Su manera de donar es particularmente interesante.
Scott parte de una premisa poco habitual entre los grandes filántropos: confía en quienes están más cerca del problema. Su equipo identifica y analiza silenciosa y rigurosamente organizaciones que considera sobresalientes. Una vez seleccionadas, generalmente les entrega el dinero sin imponerles restricciones detalladas sobre cómo utilizarlo.
No pretende administrar las instituciones desde afuera. Tampoco las somete a una interminable burocracia para justificar cada dólar donado. Si confía en ellas, les da la capacidad de decidir.
Durante buena parte de su trayectoria, Yield Giving ha trabajado bajo el radar, buscando directamente a sus beneficiarios. Más recientemente también ha realizado convocatorias abiertas. Pero la filosofía permanece: investigar, seleccionar y confiar.
Los resultados son impresionantes. A la fecha, MacKenzie Scott ha entregado más de US$26,000 millones a miles de organizaciones.
La lista adjunta incluye los mayores beneficiarios públicamente identificables.
Y aquí aparece inevitablemente la pregunta de rigor.
Si MacKenzie recibió unos US$36,000 millones en acciones y ya ha regalado más de US$26,000 millones, cualquiera podría concluir que su fortuna se ha reducido drásticamente.
La respuesta, a la peruana, es: “¡Manan!”.
MacKenzie no salió a vender todas sus acciones de Amazon para comenzar a repartir el dinero. Fue donando gradualmente, mientras las acciones de Amazon que conservaba continuaban valorizándose.
El resultado ha sido extraordinario, pues después de regalar más de US$26,000 millones, su fortuna continúa rondando los US$33,000 millones.
El fenómeno ha recibido incluso un nombre: la paradoja MacKenzie Scott. Un mercado bursátil al alza y la extraordinaria creación de valor de Amazon le permitieron entregar decenas de miles de millones de dólares sin que su patrimonio disminuyera en una proporción semejante.
La empresa que Bezos y Scott comenzaron a construir hace más de treinta años sigue generando la riqueza que hoy permite financiar una de las mayores experiencias de filantropía privada en el mundo.
Pienso que MacKenzie se llevó de Amazon algo más valioso que sus acciones: una manera de pensar. Experimentar, descentralizar las decisiones y confiar en quienes están más cerca del cliente. Solo que ahora el ‘cliente’ es una comunidad que necesita vivienda, un joven que necesita un mentor o una niña africana que quiere seguir estudiando.
MacKenzie Scott se ha convertido en una referente por mérito propio, a nivel global.
Y habrá que seguirla observando. ¿Cuáles serán sus próximos pasos? Por lo pronto, ha regresado a una antigua vocación: escribir. Está publicando, por entregas, una nueva novela en Substack.
Mantengamos la sintonía.






