César Burga Rivera
Perú21, 7 de junio del 2026
Los factores que explican el crecimiento.
En esta columna he revisado algunos países que han logrado crecimiento y desarrollo económico y, a partir de esto, he esbozado algunas lecciones que se podrían aplicar en el Perú. Sin embargo, es pertinente hacer una pregunta más: ¿por qué algunos países ricos siguen creciendo mientras otros se van quedando? Estados Unidos es el mejor ejemplo de esa diferencia.
Europa tiene ciudades maravillosas, buena infraestructura, universidades de primer nivel y estados de bienestar admirables. Japón sigue siendo una potencia tecnológica e industrial. Italia, Francia, Alemania o España tienen empresas extraordinarias, talento y una calidad de vida envidiable. Pero buena parte del mundo desarrollado parece atrapada en bajas tasas de crecimiento económico, envejecimiento de su población y exceso de regulación.
Estados Unidos, en cambio, con todos sus problemas políticos, sociales y fiscales, sigue mostrando una capacidad impresionante para reinventarse. Un reciente artículo de The Economist¹ habla incluso de un “milagro de productividad” en la economía norteamericana. La productividad laboral habría crecido cerca de 2% anual en los últimos años, bastante más que en la década anterior y por encima de muchas economías avanzadas. La OCDE, en su último “Economic Outlook”², ayuda a poner el fenómeno en perspectiva: proyecta que Estados Unidos crecerá 2.0% en 2025, 1.7% en 2026 y 1.9% en 2027. No son cifras espectaculares, pero sí mejores que las de varias economías desarrolladas. Más interesante aún: en la primera mitad de 2025, la inversión vinculada a inteligencia artificial fue tan importante que, sin ese impulso, la economía habría mostrado una expansión mucho más débil.
¿Qué explica esta vitalidad?
El primer factor es la flexibilidad. Estados Unidos permite que las empresas nazcan, crezcan, quiebren, se vendan, se fusionen y vuelvan a empezar con una velocidad que otros países no tienen. Eso tiene costos. El mercado laboral es más duro, la protección social es menor y la desigualdad es más visible. Pero esa misma flexibilidad permite reasignar capital y talento hacia los sectores de mayor productividad. En Europa muchas veces se protege mejor lo existente. En Estados Unidos se crea más rápido lo nuevo.
El segundo factor es la capacidad de adoptar tecnología. No basta con inventar Google, Microsoft, Nvidia o Apple. Se trata de que miles de empresas usen software, datos, automatización e inteligencia artificial para vender más, reducir costos, mejorar logística, administrar inventarios o atender mejor a sus clientes. La productividad no mejora porque exista una nueva tecnología; mejora cuando esa tecnología se incorpora masivamente a la economía real.
El tercer factor es el capital. El país del norte tiene el mercado financiero más profundo del mundo. Una buena idea puede conseguir financiamiento de fondos de venture capital, private equity, bolsa, deuda corporativa, universidades, family offices o inversionistas institucionales. En muchos países hay buenos emprendedores, pero no hay capital para escalar los negocios. En Estados Unidos una empresa puede pasar de un garaje a gigante global en pocos años. Esa posibilidad cambia los incentivos de toda la economía.
El cuarto factor es la escala empresarial. Las empresas grandes son claves para la productividad. Tienen capacidad de invertir en tecnología, investigación, capacitación, logística, marcas y mercados internacionales. En países donde predominan microempresas informales o empresas familiares que no crecen, la productividad se estanca. En Estados Unidos, las empresas que son buenas pueden crecer mucho. En el Perú, demasiadas veces, el sistema tributario, laboral, municipal y regulatorio fomenta el “enanismo empresarial” y castiga a las empresas que quieren crecer; esto no es nuevo y ha sido ampliamente analizado y varias veces citado³.
El quinto factor es la energía. La revolución del shale gas y del petróleo no convencional le dio a Estados Unidos una ventaja enorme: energía abundante y relativamente barata. Esto es más importante de lo que parece. La economía digital consume muchísima energía. Los centros de datos, la inteligencia artificial, la manufactura avanzada, la logística moderna y la industria intensiva en tecnología necesitan electricidad estable y barata. Europa, con energía más cara, está en desventaja. El Perú debería mirar esto con atención: si queremos atraer centros de datos a gran escala, industrializar mejor nuestra minería o aprovechar la inteligencia artificial, necesitamos seguir ampliando nuestra matriz energética, pero bajo los criterios de confiabilidad, limpieza y costo competitivo.
El sexto factor es el talento humano. Estados Unidos atrae ingenieros indios, científicos chinos, emprendedores latinoamericanos e investigadores europeos. Sus universidades no solo enseñan: investigan, patentan, crean empresas y conectan conocimiento con el mercado. Por ejemplo, Silicon Valley es una red de universidades, capital, empresas, abogados, inversionistas, migrantes y cultura emprendedora.
Pero el informe de la OCDE también advierte fragilidades importantes. Estados Unidos tiene un déficit fiscal muy alto, una deuda pública que continúa creciendo y altas valorizaciones bursátiles; estas últimas pueden ser vulnerables a una corrección si las enormes inversiones en inteligencia artificial no generan los retornos esperados. Además, su reciente giro proteccionista puede terminar encareciendo los insumos, elevando los precios y reduciendo la competencia.
¿Cuál es la lección para el Perú?
Obviamente no es copiar a Estados Unidos. Sería imposible y, en algunos aspectos, indeseable. La lección es más simple: la productividad no se logra por decreto. Aparece cuando las empresas pueden crecer, cuando el capital financia ideas nuevas, cuando el talento humano se puede mover hacia los sectores económicos donde se agrega más valor, cuando la energía es competitiva, cuando las universidades se conectan con la empresa y cuando el Estado deja de bloquear cada intento de cambio.
El Perú suele hacer lo contrario. Protegemos la informalidad, castigamos el tamaño de las empresas, aumentamos los permisos requeridos, encarecemos la formalidad, demoramos proyectos, desconfiamos de la empresa grande y dejamos que demasiados jóvenes talentosos trabajen en actividades de baja productividad. Luego, nos preguntamos por qué no crecemos más.
Estados Unidos tiene muchos problemas, pero conserva algo decisivo: una economía que todavía sabe moverse, ajustarse y reinventarse. Y en el mundo actual, donde la tecnología cambia rápido y la competencia global no espera, quedarse quieto es una forma lenta de postergar el progreso económico y social.
1 “America is experiencing a productivity miracle”. The Economist. May 2026. Washington D.C.
2 “OECD Economic Outlook, Volume 2025 Issue 2: Resilient Growth but with Increasing Fragilities”. OECD Publishing. 2025. Paris.
3 “Peru: Seizing Opportunities for Growth and Prosperity”. 2025. International Bank for Reconstruction and Development. Washington D.C.






