Alvaro Vargas Llosa
Perú21, 27 de octubre del 2026
Carlos Cabanillas
“En solo 20 años, AVLl pasó del inútil voto en blanco al crucial voto útil. Del principismo al pragmatismo”.
El nombramiento de Álvaro Vargas Llosa como embajador del Perú en los Estados Unidos es una buena noticia. Su prestigio ayudará a remontar nuestra imagen externa de crisis presidenciales. Y pocos conocen Washington tan bien. La capital estadounidense tiene sus mañas, incluso para un diplomático de carrera.
Además, la elección de un liberal no trumpista ayuda a abrir la cancha local a las derechas y centro-derechas regionales. Este nombramiento podría templar la imagen externa del gobierno, más allá del ala dura que ya orbita en torno a la administración Trump.
A nivel personal, se percibe la notable evolución política del escritor. Sobre todo en comparación con el casi libertario que pedía el voto en blanco en 2001. Lo admitió el propio AVLl, quien se lo confesó a este diario hace algunos meses. “Aprendí que el voto en blanco no sirve”. El parteaguas fue la elección de Pedro Castillo. Y fue precisamente en esa segunda vuelta que padre e hijo pasaron la página del antifujimorismo. “El voto en blanco, en el fondo, priva al segundo de alcanzar al primero”, dijo en la misma entrevista. “Yo les explicaba a muchos que ese voto solo le iba a servir a Pedro Castillo, que estaba primero. Es elemental y muy fácil de entender”.
La evolución de Mario Vargas Llosa, en cambio, tomó décadas. El novelista pasó de ser ‘Camarada Alberto’ a ser un socialdemócrata post Caso Padilla. Y de ahí se volvió un liberal thatcheriano. Rechazó ser primer ministro en 1984. Tras su candidatura presidencial, se desencantó de la política. Y finalmente se reconcilió consigo mismo y superó su antifujimorismo en la elección de 2021. Lo dice Max Weber en el epígrafe de El pez en el agua: “Ya no es cierto que lo bueno solo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario. Quien no ve esto es un niño, políticamente hablando”.
En solo 20 años, AVLl pasó del inútil voto en blanco al crucial voto útil. Del principismo al pragmatismo. Tal vez la política peruana sea ese necesario curso de realpolitik para aprender a votar con cabeza fría y despojarse de toda ingenuidad.






