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Alejandro Deustua

Gira sin eje

Por: Alejandro Deustua

Lima-Perú, 20/11/2014 a las 06:11pm. Por Alejandro Deustua

El presidente Humala ha culminado en el Vaticano una gira euroasiática. Este halo de manso peregrinaje fue precedido por dos objetivos de pastoral buena voluntad: la integración en el Asia-Pacífico convocó al presidente a la 22ª cumbre APEC y la cooperación lo llevó a visitar oficialmente Rusia y China. En épocas de necesaria reinserción deberíamos echar campanas al vuelo.

Sin embargo, quizá un Ave María sea lo más apropiado: la visita a Rusia se ha realizado en el peor momento de la relación de esa potencia reemergente con Occidente y la posterior a China ha ocurrido en momentos de fuerte aproximación sino-rusa.

Pero si el Perú es una potencia menor y América Latina se define virginalmente como lejana de los principales centros de conflicto, ¿por qué deberíamos preocuparnos por tan ajeno contexto?

Pues porque si el Perú se identifica hoy en la escala de poder global como una “potencia regional emergente de mediana dimensión” debería tener una visión estratégica de su estatus. Por tanto, debería poder entender mejor las implicancias globales del agravamiento de la crisis de Ucrania y el efecto en el Pacífico del juego de poder que se desarrolla en el Asia (p.e. la alianza energética sino-rusa y la persistencia de los reclamos de soberanía marítima).

Y si, de momento, pudiéramos dejar este último escenario, lo que el Estado no puede hacer hoy es presentarse en Moscú para fortalecer la cooperación bilateral con un pretexto onomástico: celebrar, con la primera visita oficial, el 45 aniversario de la restauración de relaciones con Rusia (y el 140 desde que estas se establecieron), mientras la fricción en la frontera entre esa potencia y Ucrania pone en riesgo el acuerdo de alto al fuego de setiembre último y nuestros socios occidentales se disponen a evaluar la situación con sanciones adicionales.

Y aún en el caso de que estas no se adoptaran (como ha ocurrido), debió preverse que el conjunto de jefes de Estado occidentales expresarían al presidente Putin de la manera más cruda su malestar en la reciente cumbre del G20 (Brisbane). El asunto fue serio. Siendo esta una zona de influencia rusa, el presidente Putin no aguardó los honores finales de la cumbre retirándose luego de asegurarse que el conflicto de Europa del Este no sería mencionado en el comunicado del G20 salvo por una referencia al “riesgo geopolítico” que se cierne sobre la economía mundial.

Sin dar señales de estar al tanto del peor momento de la relación Occidente-Rusia desde la Guerra Fría, el presidente Humala procedió antes a suscribir en Moscú acuerdos sectoriales de cooperación (medio ambiente, turismo, información aduanera y lucha contra el narcotráfico) y a recibir ofertas de grandes proyectos en los sectores primario, de infraestructura y nuclear (que no se expresó en acuerdo alguno).

Desde que el gobierno del general Velasco cambió nuestra inserción externa convirtiendo a la ex –URSS en principal abastecedor de armas del Perú, no había ocurrido una afirmación tan potente de nuestra relación con Rusia. Que ello ocurra en tiempos de beligerancia legitimando la usurpación rusa de Crimea al no esgrimir en la materia los principios de no intervención y de respeto del Derecho Internacional debilitamos nuestra relación con Occidente y, creyendo que la diversificamos, desbalanceamos nuestra política exterior. No hay Papa que pueda bendecir este salto estratégico ni helicópteros que la justifiquen.

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