Sebastião Mendonça
Autor del libro ¿Por qué fracasó Sendero?
Para Lampadia
La lucha contra el terrorismo fue el desafío más serio que el Perú ha enfrentado desde la Guerra del Pacífico. A pesar de todas las dificultades, explicadas en artículos anteriores, las instituciones peruanas lograron derrotarlo. Lo hicieron sin la participación de las fuerzas de la izquierda.
El comportamiento de los grupos de izquierda durante la lucha contra el terrorismo fue una vergüenza, con raras excepciones de militantes individuales[i]. Se pusieron más cercanos a los terroristas que a quienes defendían la vida civilizada en el país.
Cuando la izquierda llegó al poder, con el presidente Valentín Paniagua, montaron un mecanismo de creación de imagen de superioridad moral y se dedicaron a deslegitimar las fuerzas que derrotaron al terror.
Como ellos no tenían méritos en la pacificación, no querían que quienes lucharon fueran reconocidos.
Fue una estrategia de pugna por el poder político y burocrático, que funcionó.

El mecanismo fue construir una memoria a partir de la violación de los derechos humanos. No era necesario inventar nada. El formato estaba siendo aplicado por más de 30 años en otros países. Sus consecuencias sociales eran discutibles[ii] (Lea David), pero eran efectivos para reconstruir la imagen de superioridad moral de la izquierda.
Esa memoria se presentó como si fuera una reconstrucción objetiva y neutral de los hechos. Así la memoria ganaba el sello de “verdad histórica”, y los autores se sentirían los “dueños de la verdad”.

Hoy día, se sabe que las memorias no son textos históricos. Son instrumentos de lucha política que buscan fortalecer algunos y deslegitimizar a otros. Ya hay abundante literatura académica sobre el uso político de las memorias.
En el caso de Perú, la memoria producida por la CVR creó animosidades hacia los que son presentados como victimarios.
Entre los “victimarios/actores armados” estaban los terroristas de Sendero y del MRTA, y también las fuerzas Armadas y Policiales, las Rondas Campesinas, y los Comités de Autodefensa.
La diferencia entre los victimarios estuvo en el número de víctimas atribuidas.
¿Si la Memoria asignaba más víctimas a Sendero Luminoso, podrían considerarse como neutrales?
Entre las muertes atribuidas a las Fuerzas del Orden y a las organizaciones campesinas están los terroristas muertos en combate, pero en sus conclusiones la CVR no ha considerado necesario distinguirlos de los civiles, ni cuantificarlos. ¿Es razonable considerar un terrorista muerto en combate como una víctima de las fuerzas del orden?
Hoy no sabemos cuántos terroristas fueron muertos en combate. Todos están como víctimas de las Fuerzas del Orden.
Si queremos reconstruir los hechos sucedidos en las décadas de 1980 y 1990, que permitieron la derrota de Sendero y la recuperación de los derechos humanos para los peruanos, debemos entender que la lucha contra el terrorismo ha tenido más facetas y dimensiones que las violaciones de los derechos humanos.
Hubo, además, expresiones de patriotismo, heroísmo, coraje, reflexiones profundas y aprendizajes entre los combatientes, y procesos de reconciliación social. Estas historias no están rescatadas.
Los hechos de violación de los derechos humanos no deben ser negados. Las historias de las víctimas deben ser conocidas como parte de las tragedias que el terrorismo ha generado al desencadenar una guerra en su propio país (ver artículo anterior referente al Tribunal de Nuremberg), pero hay que hacerlo sin ahondar fracturas sociales.
A fines de los 80, hubo una reconciliación entre las poblaciones locales y las fuerzas del orden.

La confianza generada permitió crear la alianza anti-terrorista que cambió la evolución de la guerra y derrotó a Sendero en las zonas rurales. También hubo un reencuentro entre el estado y la población, con las visitas frecuentes del presidente de la república a comunidades rurales. Hubo además una valoración cívica de las rondas y comités de autodefensa como instituciones de defensa de la democracia, desfilando el 28 de julio junto a las FFAA.
En las zonas rurales ocurrieron inúmeros actos heroicos de los campesinos e indígenas luchando contra el terrorismo, y de los soldados y policías patrullando zonas controladas por el terror, sabiendo que, en cualquiera momento podían ser emboscados y asesinados.
Y no podemos olvidar el trabajo impecable de inteligencia de la policía, haciendo del análisis del enemigo un arte estratégico.
A estas alturas procede preguntar ¿cómo no se dieron cuenta los autores de la memoria, que hoy es presentada como “verdad histórica”, que su enfoque de “víctimas y victimarios” era demasiado estrecho para capturar un fenómeno multi-dimensional, con facetas sociales, culturales, estratégicas, políticas, espirituales y humanas desplegadas por los protagonistas de la lucha a lo largo de casi dos décadas?
La exclusión de los cuatro protagonistas principales de la lucha antiterrorista (las fuerzas armadas, las fuerzas policiales, las organizaciones campesinas, y el gobierno de Fujimori), en la composición de la CVR, empobreció la base de conocimientos experienciales para analizar el fenómeno en sus múltiples dimensiones.
Esa limitación era grave, pero se ahondó con la selección de los integrantes a partir de su afinidad ideológica con la izquierda y el velasquismo (con excepciones minoritarias).
Agrupar a las instituciones responsables de defender la patria y a los grupos terroristas en una misma categoría de “actores armados” empobreció el análisis institucional.
Poner las fuerzas del orden junto a los terroristas, como victimarios, generó un mecanismo de reproducción de resentimientos hacia quienes recuperaron los derechos humanos para los peruanos.
¿Por qué la CVR optó por una categorización institucional tan distorsionada? Deberían, algún día, explicarlo al país.
La construcción de las naciones son procesos muy complejos y, en algunos momentos, muy dramáticos. Debemos cuidarnos de los enfoques ideologizados que empobrecen la interpretación histórica.
¿Cuántas historias y hechos extraordinarios de construcción de nación han sido silenciadas con la división de los peruanos entre víctimas y victimarios?
¿Dónde están las otras dimensiones?
[i] Pásara, Luis (1990). «El doble sendero de la izquierda legal peruana». Nueva Sociedad, nro. 106, marzo-abril, pp. 58-72. https://nuso.org/articulo/el-doble-sendero-de-la-izquierda-legal-peruana/.
[ii] David, Lea. (2020). The past can’t heal us. Cambridge University Press.
Lampadia






