Jaime de Althaus
Para Lampadia
El Canciller y el ministro de Defensa renunciaron luego de que el presidente Balcázar cambiara de opinión y declarara que su gobierno no firmaría el contrato de adquisición de 24 aviones de caza F16 Block70 a Estados Unidos.
Pero luego se supo que el contrato ya había sido firmado el lunes último y que el ministerio de Economía había honrado el primer pago por $462 millones ayer miércoles.
Es decir, una suerte de golpe administrativo necesario para culminar un proceso de meses que concluyó con la decisión del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional de optar por la oferta norteamericana.

Es claro que en esa decisión pesaron no solo los aspectos técnicos, sino los de seguridad estratégica nacional.
Esa compra culmina el proceso de cambio de la matriz predominantemente rusa o afín (exsoviética) del armamento peruano, a una matriz occidental. En la nueva geopolítica dictada por la estrategia de seguridad nacional aprobada por el presidente Donald Trump, que define a América Latina como la zona de influencia prioritaria, es claro que el Perú debe alinearse con esa potencia en todos los temas vinculados a seguridad.
Estados Unidos hizo un esfuerzo especial para competir. Su oferta inicial casi doblaba el monto presupuestado de 3,500 millones de dólares, que solo alcanzaban para 12 aeronaves. Según Marc Washtenheim, Presidente de la consultora W International, mecanismos innovadores en la negociación permitieron abaratar costos y calzar las 24 naves dentro de lo presupuestado. Por lo demás, según el propio Washtenheim, el F16 Block70 de última generación adquirido es tecnológicamente muy superior al Gripen sueco. El Rafale francés sí es sofisticado pero su costo de mantenimiento es más alto.
La vida útil de estos aviones es de 40 años. Eso establece una alianza estratégica de largo plazo con Estados Unidos.
El paquete incluye entrenamiento, ejercicios conjuntos, radares e intercambio de inteligencia. Y un componente de offset que incluye inversión en infraestructura, centros de formación, exploración aero-espacial y producción industrial de tecnología. Todo un ecosistema que bien aprovechado puede potenciar nuestra capacidad tecnológica e industrial.
Esa asociación se refuerza con el apoyo norteamericano en la construcción de la base naval del Callao y el puerto espacial de Paita, fuera de los acuerdos con Corea del Sur para la construcción de submarinos y la adquisición de artillería a Israel.
Se ha objetado que la desventaja de los F16 es que no podríamos usarlos contra países vecinos como Chile, que también los tienen.
Pero quien pierde en esta ecuación es Chile, que tiene 40 F16 (aunque más antiguos) que más bien no podría usarlos contra el Perú desde que nuestro país también tiene este avión. Desaparece así cualquier eventual amenaza chilena.
Dicho sea de paso, Colombia compró hace unos seis meses aviones Gripen, pagando más por cada avión que lo que se ha pagado en Perú por los F16. Todo indica que hubo corrupción en el gobierno de Petro.
También se ha objetado que si el Perú tiene un diferendo con Estados Unidos por alguna razón, ese país podría negarnos los repuestos para los aviones. Pero esos repuestos pueden conseguirse fácilmente en el mercado secundario porque mientras 32 países tienen los F16, solo 10 por ejemplo tiene Rafale y una cantidad menor aún tiene los Gripen. Por lo tanto, el mercado de segunda mano de repuestos de los F16 es mucho más grande.
Si es cierto que esta vez el Perú tendrá que preocuparse en mantener estos aviones, lo que implica un costo presupuestal. La propia asociación estratégica con Estados Unidos obligará a hacerlo.
Mayor razón entonces para elegir correctamente el 7 de junio, recuperar la estabilidad política e introducir las reformas necesarias para volver a crecer a tasas altas que generen más ingresos fiscales.
Esta operación implica dar un salto en el nivel de defensa que debe sostenerse. En la actualidad el Perú gasta alrededor del 1% de su PBI en defensa. Chile y Ecuador 2% y Colombia 3%.
Debemos aprovechar además para solicitar apoyo tecnológico en la lucha contra las extorsiones, así como el levantamiento del veto al derribo de avionetas del narcotráfico.
Si trabajamos bien esta relación, los frutos pueden ser extraordinarios.
Lampadia






