Ismael Benavides
Expreso, 6 de noviembre del 2026
La delincuencia y la inseguridad ciudadana le cuestan al Perú miles de millones de soles cada año. La experiencia de El Salvador y el impacto de la derrota de Sendero en el Perú demuestran que recuperar la seguridad también contribuye a recuperar la inversión, el empleo, y el crecimiento económico.
A raíz del viaje de la presidenta Fujimori se han desatado diversos comentarios críticos sobre su visita a El Salvador entre opinólogos desinformados, ciertos medios de comunicación y los infaltables ignorantes senadores y diputados de izquierda que no proponen, si no solo se oponen. El regateo de las facultades legislativas a un gobierno comprometido con la lucha contra la delincuencia es un acto criminal pues en los 60 días que tomó la aprobación, no sólo murieron decenas de peruanos sino el país perdió más de 1,700 millones de dólares por el costo de la delincuencia. No contentos con ello, la izquierda en el Congreso busca derogar las supuestas leyes “pro crimen” que ayudan a combatir la delincuencia.
Pero la ignorancia es audaz, y muchas personas no aquilatan la verdadera dimensión de la delincuencia, y se quedan solo con las lacerantes imágenes de los muertos en los noticieros, sin analizar más las consecuencias. “No hay dinero para construir cárceles” criticaba una periodista conocida ante los anuncios de nuevos penales por la presidenta, sin considerar en su ignorancia que el costo de una cárcel es una fracción de lo que significan las pérdidas por la delincuencia.
El combate a la delincuencia debe ser parte de la política económica del MEF, para promover el crecimiento y ahorrar en los costos de inseguridad. Según estimaciones de expertos el costo de la delincuencia al Perú fluctúa entre 1.7% y 3.1% del PBI. El año 2022 el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, lo estimó en 2.82% del PBI y con tendencia creciente. Ese costo se divide entre la seguridad privada de empresas y personas, pérdida de productividad y capital humano y costos al estado de policía, justicia y cárceles; en cifras del PBI actual el costo de la delincuencia sería casi 10,000 millones de dólares anuales, o 28 millones de dólares diarios.
Lo ocurrido en El Salvador revela los claros impactos de reducir la delincuencia. Su tasa de homicidios bajó de 106.8 por cada 100,000 habitantes en 2015 a 1.9 en 2024. En ese periodo los costos directos del crimen pasaron de 6.4% del PBI a algo menos del 3%. El crecimiento económico de El Salvador pasó de 2.6% anual en 2024 a 3.9% en 2025, impulsado por turismo, construcción y remesas.
En un escenario hipotético para el Perú, calculado sobre las cifras del BID, si se reduce la delincuencia en 25% se liberarán recursos por 2,500 millones de dólares o 0.71% del PBI y si se logra 50% serían $ 5 mil millones o 1.42% del PBI anualmente. No todo ese ahorro iría al crecimiento del PBI, pero conservadoramente se puede estimar que añadiría un 0.5% anual al crecimiento de nuestro PBI, que no es poca cosa. Por eso la lucha contra la delincuencia también debe ser parte de la política económica y los costos no pueden ser vistos como simples números presupuestales, si no claramente como una inversión que tiene retorno en una mejora importante de la economía. El ejemplo de El Salvador lo gráfica y la visita de Keiko fue valiosa para conocer las experiencias que el Perú puede adoptar. Ni Brasil, Colombia o Venezuela que tienen tasas de criminalidad que duplican o triplican a del Perú han hecho esfuerzos para controlar la violencia y se ve claramente sus impactos en el crecimiento y los déficits fiscales de esos países, además de los impactos sobre la vida y tranquilidad de sus poblaciones. El Perú logró impactos económicos muy importantes derrotando a Sendero en los años 90 y por supuesto los enemigos de Fujimori poco resaltan los resultados de esa acción en la economía. Hoy le toca al MEF considerar la inversión en inseguridad ciudadana como parte de su política económica y apoyar a Keiko y sus ministros de el “comando unificado” en la implementación de las medidas para derrotar a la delincuencia.






