Iván Alonso
El Comercio, 6 de noviembre del 2026
“Así como le damos crédito, muy merecidamente, [al BCR] por la reducción de la inflación a lo largo de los años, tenemos también que debitar en su cuenta esta alza”.
La inflación subió a 5,25% en octubre, la más alta en tres años. Los sospechosos comunes son los alimentos –esta vez, el pescado, no el pollo– y el transporte; El Niño y la guerra, para decirlo de otra manera. El alza de algunos precios, sin embargo, no es nunca la causa de la inflación. Hay que buscarla, más bien, en el mundo de la moneda y el crédito.
Piense usted en el transporte. Si suben los combustibles y los precios de los pasajes aéreos y terrestres, la gente tiene menos plata para gastar en otras cosas. La demanda de otros productos debería caer y sus precios también. Los movimientos de precios, unos hacia arriba, otros hacia abajo, deberían más o menos equilibrarse.
Un alza generalizada es distinta. Si el alza de algunos precios no es compensada por la caída de otros –no lo suficiente como para que el índice general de precios se mantenga constante–, quiere decir que la gente tiene más medios de pago a su disposición: más efectivo en el bolsillo, más plata en sus cuentas, más líneas de crédito en sus tarjetas. No necesariamente le alcanza para más, sin embargo, porque los precios pueden haber subido más rápido.
Llevamos ya ocho meses por encima del rango objetivo de 1% a 3% de inflación fijado por el Banco Central de Reserva. Esto no es consecuencia ni del clima ni de las vicisitudes del mercado petrolero, sino de una aceleración en el crecimiento de la liquidez y el crédito que comenzó a mediados del 2024 y que hasta ahora no para. Lo mismo ocurrió en la época de la pandemia, y terminamos con una inflación de casi 9% en junio del 2022.
¿A qué se debe esa expansión monetaria? Fundamentalmente, al retiro de depósitos del sector público en el BCR durante el gobierno pasado y más recientemente a la compra de dólares. El BCR no podía evitar lo primero, aunque podría haberlo contrarrestado con otras medidas. Lo que sí podía evitar era lo segundo. No sabemos cuál habrá sido su motivación; quizás sostener el tipo de cambio, en vista del auge de las exportaciones, o quizás otra. El hecho es que su efecto inflacionario nos va a acompañar algún tiempo. Y así como le damos crédito, muy merecidamente, por la reducción de la inflación a lo largo de los años, tenemos también que debitar en su cuenta esta alza.






