Carlos Cabanillas
Perú21, 6 de noviembre del 2026
“Más que un intercambio de ideas, se promueve un pensamiento de cenáculo donde se evangeliza entre conversos. No hay discusión ni mucho menos polémica”.
Una mirada a los invitados al Hay Festival 2026 confirma su ya tradicional sesgo hacia la izquierda progresista.
Difícilmente se puede tener “una gran conversación con las mejores mentes de nuestro tiempo” —como dice el lema— si la criba de invitados prioriza solo una parte del espectro ideológico.
Más que un intercambio de ideas, se promueve un pensamiento de cenáculo donde se evangeliza entre conversos. No hay discusión ni mucho menos polémica.
En 2022, por ejemplo, casi no se habló del gobierno de Pedro Castillo, a pesar de la marcha nacional en su contra que hubo durante esos días en Lima y varias regiones, incluyendo Arequipa. No se discutió sobre las dictaduras de Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel. Y salvo la solitaria voz de la nicaragüense Gioconda Belli, nadie denunció los abusos de Daniel Ortega. Tampoco se conversó sobre AMLO, Gustavo Petro o Alberto Fernández. En cambio, se debatió sobre la desigualdad social, el fascismo y la amenaza del entonces candidato Donald Trump.
Es cierto que la derecha peruana contemporánea tiene una deuda con la cultura. Pero también falta voluntad política.
Un auspiciador del festival me confesó que alguna vez quisieron invitar a Agustín Laje y Javier Milei (antes de ser candidato presidencial). Pero todo quedó en intenciones. Resuenan las ausencias de Andrés Oppenheimer, Axel Kaiser o Álvaro Vargas Llosa. Y de intelectuales anglosajones como Thomas Sowell, Jordan Peterson o Niall Ferguson.
Leo en este diario que Cristina Fuentes, directora de la edición internacional del Hay Festival, cree que “la polarización de un lado o del otro no es buena para la cultura”. Ojalá esa reflexión cale hondo.
Tener a una élite intelectual mirándose el ombligo, aislada en su torre de sillar, confirma la incapacidad para el diálogo en un país enconadamente polarizado. Después nos sorprendemos cuando las narrativas no coinciden con la realidad.






