Alberto Pasco Font
Perú21, 26 de octubre del 2026
«El Perú ha apostado por las energías renovables. La generación eólica y la solar actualmente representan el 11% de la capacidad de generación eléctrica total del país. Lamentablemente, nos estamos enterando de que estas energías también son vulnerables al clima».
Como sabemos, el fenómeno de El Niño agudiza la sequía en ciertas regiones altoandinas del sur, y eso en época seca (de mayo a diciembre), limita la capacidad de generación hidroeléctrica. Huaicos y aguas fluviales turbulentas también perturban negativamente la capacidad de generación hidroeléctrica.
El Perú ha apostado por las energías renovables. La generación eólica y la solar actualmente representan el 11% de la capacidad de generación eléctrica total del país. Lamentablemente, nos estamos enterando de que estas energías también son vulnerables al clima. El lunes 20 de julio de 2026, entre las 10 y 11 de la mañana, la generación eólica nacional cayó a 80 megavatios (MW) a pesar de que la capacidad eólica instalada asciende a unos 700 MW. Como consecuencia, el costo marginal de la energía se elevó de 36 dólares por megavatio hora (MWh) a 285 dólares por MWh.
En años normales (sin El Niño), la producción eólica baja entre un 40% y 50% en las horas de menos viento. Este año estamos experimentando caídas mayores al 80% y la generación eólica se ha vuelto muy irregular.
La mayor nubosidad que genera El Niño también afecta negativamente la generación solar. Además, un aumento de la temperatura (típica consecuencia de El Niño) reduce la conversión de los paneles fotovoltaicos tradicionales de silicio.
Es decir, la generación eólica, solar e hidroeléctrica pueden disminuir simultáneamente por razones climáticas. Afortunadamente, contamos con gas natural. Pero las tormentas perfectas existen.
Como recordarán, el 1 de marzo de 2026 se interrumpió el gasoducto de Camisea debido a una fuga y explosión en una estación de válvulas. La suspensión temporal del ducto paralizó casi todas las plantas de generación eléctrica en Lima, disparando las tarifas tanto las eléctricas como las de gas. El país tuvo que generar electricidad con diésel (mucho más caro). El costo marginal spot de la electricidad subió de sus niveles habituales de US$30-40 por MWh a más de US$200 por MWh.
Cerca de 350,000 conductores que usan gas natural vehicular, principalmente taxistas y transportistas, tuvieron que pagar más del triple al pasar de S/20 por gas a S/70 por gasolina. El precio del GLP vehicular en los grifos de Lima llegó a duplicarse, alcanzando picos de S/14 por galón. El balón de GLP doméstico saltó rápidamente a rangos de S/55 a S/65 en Lima.
El impacto para la economía en general de los 13 días de paralización del gasoducto de Camisea generó pérdidas directas e indirectas estimadas entre US$200 millones y US$300 millones por día.
¿Qué sucedería si en pleno Niño tenemos un problema con el ducto de Camisea?
En el sector eléctrico existen las centrales de generación de reserva fría. Son un respaldo de emergencia que le da seguridad al suministro eléctrico. Son plantas de generación eléctrica (generalmente a diésel) que permanecen apagadas o fuera de servicio, pero que están listas para operar y abastecer la red en cuestión de minutos cuando el sistema principal falla o hay incrementos bruscos de demanda (como la esperada subida de la demanda de energía por aire acondicionado cuando la temperatura suba por El Niño). Aunque, al ser plantas diésel, son caras, más caro es quedarse sin electricidad. El costo de contar con plantas disponibles sin operar está en la tarifa eléctrica que pagamos.
¿Cuál es nuestro sistema de respaldo para el sector eléctrico nacional cuando todo falla? No existe. Es necesario construirlo y rápido. Los disturbios climáticos parecen ser una constante para los siguientes años y las tormentas perfectas suceden, especialmente cuando no se cuenta con botes salvavidas.
Necesitamos una Infraestructura Estratégica de Respaldo (es decir, duplicidad o redundancia). Por ejemplo, construir terminales de almacenamiento de GNL y una planta de regasificación. El Perú exporta gas natural licuado. Necesitamos una planta para importarlo y regasificarlo. De esta forma, si el gasoducto de Camisea se interrumpe, podemos usar el gas previamente almacenado o importarlo vía marítima.
¿La inversión requerida? Unos US$800 millones. Se compensa con los ahorros de tres días de siniestro. Ya existen planes para promover esta infraestructura. Hay que activarlos. Se podría financiar con un pequeño recargo en las tarifas eléctricas y/o de gas de todos los usuarios que al final vamos a ser los beneficiados. Es como pagar por un seguro y, como dice el dicho: “Es mejor tener un seguro y no necesitarlo, que necesitarlo y no tenerlo”.






