Iván Arenas
Perú21, 23 de octubre del 2026
“Junto a la aparición del maoísmo parlamentario, ha aparecido también un centro sin ideología, un centro con la consistencia de una gelatina que puede utilizar sus votos para aquí y para allá cuando el momento lo determine; me refiero a Obras”.
Luego de varias broncas, el Legislativo (senadores y diputados) le ha otorgado un bloque de facultades al gobierno de Keiko Fujimori. Toda la discusión alrededor de las facultades ha servido para empezar a reconocer a los nuevos actores —diputados y senadores— en esta nueva legislatura, así como confirmar sus derivas ideológicas y —sobre todo— observar la capacidad de influencia tanto dentro como fuera de las bancadas.
Si algo hemos observado ha sido la capacidad de influencia política de Iber Maraví por sobre toda la izquierda en el Senado y en la Cámara de Diputados. Maraví junto a su grupo de congresistas en ambas cámaras, han colocado las líneas maestras de la oposición y se han llevado el testigo del liderazgo por encima de personalidades como la de López-Chau, el propio Nieto o el mismo Roberto Sánchez.
La facción maoísta de Juntos Por el Perú ha aparecido para posicionarse como la oposición al gobierno fujimorista y a sus aliados. En ese sentido, se podría decir que Maraví le ha ganado al bien intencionado y ducho Nieto y le ha dado línea a la bancada de Ahora Nación que ha quedado como furgón de cola.
Cuando la política se entiende como el amigo-enemigo, en este caso de clase, y como una plaza de movilización permanente, siempre el extremo termina dominando todo el territorio del ajedrez político. Eso es lo que pasa con Maraví y con la izquierda en ambas cámaras que continúan la línea rayada por el extremismo; con la colaboración inocente de algunos de los ministros y congresistas más impulsivos que le regalaron la foto cuando confrontaron abiertamente a un Maravi que logró victimizarse frente al gran público.
A estas alturas no es incómodo decir que Maraví y su grupo faccioso representan al maoísmo extremo cuya estrategia no se limita al arco del tiempo ni a los flujos y reflujos de la historia, sino que el parlamentarismo es una parte de la estrategia de la toma del poder.
Junto a la aparición del maoísmo parlamentario ha aparecido también un centro sin ideología, un centro con la consistencia de una gelatina que puede utilizar sus votos para aquí y para allá cuando el momento lo determine; me refiero a Obras.
La aparición del maoísmo parlamentario es una nueva noticia porque corrobora que la tesis de la violencia estructural del sistema se mantiene como hipótesis primaria en la izquierda y el eterno retorno siempre está allí y puede ser posible.
Las otras izquierdas deberán observar con atención todo lo anterior y redefinirán su relación con la facción maoísta porque de lo contrario corren el riesgo de ser absorbidas en nuevos debates.






