(DAS = Socialistas Democráticos de América)
La victoria que proclamó el liberalismo occidental fue solo una tregua
Mijael Garrido Lecca
Latam Compass
Informe especial
22 de octubre de 2026
Glosado por Lampadia
Como escribieron Marx y Engels con trágica precisión en 1848, cuando publicaron su Manifiesto, un fantasma, en efecto, recorría Europa: el comunismo.
Por más de un siglo, los postulados marxistas se expandieron a través del mundo bajo las banderas del materialismo histórico, la lucha de clases, el valor-trabajo, la plusvalía, las contradicciones del capitalismo y —sobre todo— la búsqueda de una revolución que instaure una dictadura del proletariado.
Tras cien millones de muertos —según la estimación de El libro negro del comunismo— y el fracaso de todo intento de economía planificada, la batalla ideológica contra las hoces y los martillos pareció llegar a su fin cuando, en noviembre de 1989, el muro de Berlín fue derribado por los propios berlineses y, solo unos pocos años después, colapsó la Unión Soviética y de pronto se abrieron tiendas de Gucci frente al mausoleo de Lenin en la Plaza Roja.
Tal fue la seguridad de que la pesadilla había terminado que el politólogo y profesor Francis Fukuyama escribió en El fin de la historia y el último hombre (1992) que el fin del comunismo era una señal de que la humanidad había alcanzado el punto final de su evolución ideológica: habiendo derrotado al absolutismo, al fascismo y ahora al marxismo-leninismo, florecería una primavera inevitable de democracias liberales y economías de mercado. El yerro de Fukuyama vino quizás de su creencia, prestada de Hegel, de que las ideas se enfrentan las unas a las otras y que —en esta justa— había vencido el liberalismo.

Hoy podemos decir con convicción que la victoria que proclamó el liberalismo occidental fue solo una tregua.
A menos de dos semanas de las elecciones de medio mandato en los Estados Unidos, el mismo fantasma del manifiesto recorre sin temor ni pudor el país que lo derrotó, mientras el estrecho de Ormuz, la guerra en Ucrania, la inflación, el último disparate de algún político o el nuevo salón de baile de la Casa Blanca parecen convocar más interés por parte de la opinión pública que lo que los Socialistas Democráticos de América (DSA, por sus siglas en inglés) están proponiendo. Y es justamente así como nacen los fantasmas: con la repetición sistemática —intencionada o no— de mitos y leyendas.
Suena exagerado, alarmista incluso, decir que el mayor riesgo que enfrentan hoy la democracia liberal y la economía de mercado no es Irán, ni Rusia, ni Corea del Norte: es la fuerza que ha cobrado esta organización radical que compite dentro del Partido Demócrata y las propuestas que pretenden convertir en realidad. Lo que expongo a continuación es información extraída de la página web oficial del DSA, sin teléfono malogrado.
Política económica
Buscan una sociedad sin deudas, donde el seguro de salud no sea necesario, sin hipotecas ni caseros, con jubilación pública.
Además, alimentación, educación, energía, medicina y transporte dejarían de ser negocios con fines de lucro y pasarían a ser bienes comunes y servicios públicos.
En términos laborales, habría una semana laboral de 32 horas con salario completo, un salario mínimo suficiente para vivir, educación pública gratuita desde preescolar hasta la universidad y condonación total de la deuda estudiantil.
En salud, sanidad universal sin costo para el individuo, con acceso completo a atención reproductiva y de afirmación de género.
Nuevos hospitales públicos y formación médica pública y gratuita.
En vivienda se construirían proyectos de corte social de propiedad pública, regulación estricta de propiedades de inversión, control universal de alquileres y asesoría legal garantizada para inquilinos.
Se pagarían reparaciones por la esclavitud y el colonialismo, además del respeto a los tratados y la soberanía tribal, e inversión masiva en comunidades minoritarias.
Propiedad pública de las mayores corporaciones e industrias esenciales e impuestos agresivos a la riqueza de individuos y empresas.
Y para terminar, se establece una garantía federal de empleo; energía y transporte de propiedad pública, y la eliminación gradual de los combustibles fósiles.
Política internacional
El DSA pide desfinanciar el Departamento de Guerra, terminar todas las guerras en el extranjero y cerrar las bases militares en el exterior. Acabar con la inmunidad de los criminales de guerra estadounidenses y apoyar el mandato de la Corte Penal Internacional para juzgar crímenes de guerra.
Demandan una Palestina libre y el «derecho a resistir la ocupación militar», con Jerusalén como capital palestina. Cortar toda ayuda militar y económica a Israel y procesar a líderes estadounidenses e israelíes por el «genocidio» en Gaza.
Piden el fin de bloqueos, embargos y sanciones contra países como Cuba, Venezuela e Irán.
Reclaman la abolición de ICE, el fin de detenciones y deportaciones, legalización de la migración, amnistía para todos los inmigrantes sin importar su estatus y eliminación de cuotas y topes de visas.
Reforma política
Proponen redactar una nueva Constitución para los Estados Unidos y «crear una república socialista democrática». Reconocen que la «victoria completa» implica construir una sociedad desde cero. Describen al Partido Demócrata (que aún los alberga) como dormido al volante.
Proponen reemplazar la Presidencia y la Corte Suprema por un ejecutivo y un poder judicial elegidos por el Congreso y subordinados a él. Este Congreso sería multipartidista, ampliaría la Cámara de Representantes, implantaría representación proporcional y voto preferencial, y aboliría el Senado.
Se solicita el voto para todos los residentes permanentes (no ciudadanos), para presos y para personas con condenas. Estatalidad para Washington D.C. y autodeterminación de los territorios.
Con respecto al orden público, pretenden desmilitarizar la policía, quitar poder a sus sindicatos y redirigir fondos como paso hacia la abolición total de la policía y del sistema penitenciario. Tratar la adicción y la enfermedad mental como asuntos de salud.
En términos de feminismo y género, se plantea la liberación queer y la eliminación de las restricciones «patriarcales» sobre el aborto, el parto y la crianza, la expresión y la transición de género, el matrimonio y el divorcio.
¿Es este un fantasma?
Según el propio DSA, en 2025 más de 250 miembros del DSA ejercían cargos electos en Estados Unidos, en 40 estados, y el 90% fue elegido después de 2019.
Además, el DSA cuenta hoy con dos miembros en la Cámara de Representantes: Alexandria Ocasio-Cortez (Nueva York) y Rashida Tlaib (Michigan).
En estas elecciones, sin embargo, todo indica que pasarían a ser ocho representantes y quizás un senador. Por si esto fuera poco, la alcaldía de Washington D.C. parece ya en sus manos, la de Los Ángeles se definirá en una segunda vuelta en la que su candidata, Nithya Raman, aparece adelante en las encuestas, y la de Nueva York fue la primera en ser tomada por el DSA, con Zohran Mamdani.
En un país con dos partidos, hay uno de ellos que está perdiendo terreno —cada vez más rápido— frente a los radicales del DSA. Si llegan al poder, el mundo nunca será igual.
Información del autor y publicación
Mijael Garrido Lecca Palacios — CEO & Founder
mijael-gl@latamcompass.com | +1 917 319 5890
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