Paola Del Carpio Ponce
Gestión, 17 de septiembre del 2026
Cuando incrementamos gastos estos deben asociarse a resultados. Si invertimos el orden, los resultados no solo no llegan: retrocedemos.
La publicación de los resultados de la prueba PISA 2025 impone una nueva preocupación para la agenda educativa nacional y mundial. En particular, el Perú ha experimentado retrocesos importantes en matemáticas –con caídas sostenidas desde el 2018– y lectura –con una caída marcada que frena las mejoras desde el 2012–, mostrando un retroceso de 10 años.
El dolor de los resultados no debe permitirnos perder de vista que en años anteriores el Perú, estando muy por debajo de los resultados de otros países, llegó a ser uno de los casos de mejora más sostenida de la región gracias a decisiones de política articuladas y con un norte. Como referencia, si en el 2009 menos del 30% de los estudiantes alcanzaba el puntaje mínimo en lectura, este porcentaje llegó a 50% en el 2022. ¿Suficiente? No. Pero un avance innegable que nos dimos el lujo de descuidar.
Como varios análisis ya han resaltado, este retroceso se da a pesar de que el incremento del presupuesto en el sector ha sido cuantioso. El presupuesto para educación del 2025 duplicó al de 2015 y triplicó al del 2010. Un análisis de la OCDE muestra que el nivel de ingresos explica apenas la mitad de las diferencias de desempeño entre países; la otra mitad tiene que ver con políticas y prácticas, nuestro talón de Aquiles. Además, aunque el gasto por estudiante de un país es un predictor débil de resultados, sí es relevante entre quienes gastan relativamente poco, como nosotros. Pusimos las balas, pero el tiro salió por la culata.
¿Qué pasó? Perdimos el norte. La mayor parte del incremento se destinó a pagos a docentes: los salarios se más que duplicaron mientras uno de cada cinco estudiantes asiste a locales que requieren demolición. Incrementar salarios docentes no es una mala práctica, sobre todo por nuestro punto de partida. Sin embargo, se perdió la secuencia necesaria para que el aumento se ate a resultados: evaluación, acompañamiento, resultados, aumento. En los últimos años, perdimos este orden y la medición pasó a un segundo plano por decisiones políticas.
Recientemente, el ministro José Antonio Chang presentó el Plan Nacional de Educación 2026-2031. Entre lo anunciado, destaca la intención de retomar el mérito como principio de la carrera docente, volver a las evaluaciones de desempeño, usar los resultados de aprendizaje para diseñar políticas, priorizar la lectura y acompañar a las familias para conversar con sus hijos. Esto último importa por la fuerte caída de nuestros resultados en lectura y porque la OCDE también ha reportado una caída importante en el acompañamiento de los padres.
Sin embargo, se evidencia una primera contradicción: la Resolución Ministerial 550-2026-MINEDU dejó sin efecto la ENLA 2026 –la evaluación nacional de aprendizajes de este año– por la reasignación presupuestal ante el fenómeno de El Niño. Esto ocurrió también en el 2017. Un plan que promete decidir con evidencia arranca cancelando la medición. Y aquí cabe la pregunta: ¿por qué cuando falta plata los primeros que pagan son los niños? Una revisión rápida de las noticias del año ofrecería una lista bastante más idónea de dónde recortar.
Es importante destacar que la crisis de la lectura no es un fenómeno peruano. La “madre” de todas las habilidades viene cayendo en casi todos los países, por la menor lectura por placer, el desplazamiento hacia lo digital o la cultura del escaneo de contenidos cortos. Un hallazgo de la OCDE es que la caída ha sido más marcada entre los estudiantes más favorecidos. El Instituto de Evidencia Educativa encontró que, en el Perú, el puntaje del cuartil socioeconómico más alto cayó 21 puntos entre el 2022 y el 2025, frente a 5 puntos en el más bajo. Fuimos uno de los países donde más se redujo la brecha, pero por las razones equivocadas.
Otra preocupación es el rol de la IA en los resultados. La relación causal no está probada, pero llama la atención que el 54% de los estudiantes peruanos la use para aprender al menos una vez por semana, sobre el promedio de la OCDE (46%). A mayor uso, menor desempeño. Aunque el hallazgo fino es otro: donde no se enseña a cuestionar lo que la IA produce, el uso diario se asocia a peor rendimiento; donde los docentes enseñan a evaluar la calidad de esa información, se asocia a mejor rendimiento. Lamentablemente, nuestros docentes tienen habilidades digitales limitadas.
En un contexto en el que el cambio tecnológico nos fuerza a aprender constantemente, las habilidades básicas son críticas. Para usar la calculadora, primero aprendimos a sumar. Para analizar, resumir y debatir usando IA, tenemos que poder comprender lo que leemos. Así también, cuando incrementamos gastos estos deben asociarse a resultados. Si invertimos el orden, los resultados no solo no llegan: retrocedemos. Y en este retroceso, los más afectados siguen siendo los jóvenes que hoy ya enfrentan un mercado laboral adverso.






