Ismael Benavides
Expreso, 8 de setiembre del 2026
Mientras en Colombia el presidente De la Espriella camina entre los cadáveres de los terroristas criminales abatidos, arenga a sus tropas y condecora a sus generales, y los colombianos aplauden, en el Perú los políticos de izquierda y periodistas sabiondos cuestionan la presencia del ministro de Defensa, Rafael Belaunde, supervisando la captura de los delincuentes en Trujillo y denuestan el trabajo de la Policía, que además ese día capturó al violentísimo Jhonsson Pulpo en Bolivia. Al coro se unen los congresistas de izquierda, incluyendo a un diputado, expolicía cuestionado, dado de baja por su ineptitud, pidiendo la renuncia del comandante general de la Policía, sin pensar en qué viene después ni proponer recomendaciones de mejora. Ya lo vivimos con Sagasti: dio de baja a 17 generales y nada mejoró. El general Arriola renunció, ¿será mejor lo que viene después? El mundo al revés, cuando deberíamos celebrar los éxitos contra los Pulpos y motivar al equipo de la Policía a que tome la iniciativa contra las bandas criminales, que es todo lo que el Perú desea, los criticamos. No se olviden de que todas las piruetas de Jerí en las batidas policiales y en los penales le granjearon una popularidad encima de 50%; el pueblo quiere ver acción.
No cabe duda de que de un tiempo a esta parte se va perfilando lo que parece una concertación de voluntades en contra del naciente gobierno de Keiko Fujimori. Los medios de comunicación, hasta hace poco aterrados de Antauro Humala y Roberto Sánchez, vuelven a sus andanzas y hoy lideran el regateo a los éxitos de la Policía y empiezan a darle amplia pantalla a parlamentarios de izquierda para sufrimiento de su audiencia. Cuestionan la designación de embajadores, todos personas respetables, olvidándose de que durante el gobierno de Castillo, Panamá y Venezuela nos rechazaron embajadores por impresentables. La Fiscalía lanza acusaciones penales por temas administrativos menores, pidiendo prisión para los ministros de Agricultura y Cultura. Juntos por el Perú saca las garras y maltrata a Julio Velarde en el Senado y lanza interpelaciones a 3 ministros al hilo, a apenas 30 días de iniciado el gobierno; y sus representantes se deshacen en argumentos para negarle las facultades delegadas que pide el gobierno, incluyendo la novelesca narrativa de un cierre encubierto del Congreso. Saben que con esa negativa le amarran las manos al gobierno para enfrentar al Niño, a la criminalidad y a la reforma del inflado Estado que nos dejó la izquierda. Así actúa Juntos por el Perú y sus aliados, el partido del terror y la minería ilegal; poco le importa el pueblo, más puede su ideología.
La discusión de las facultades delegadas nos ha expuesto a la supina ignorancia de muchos parlamentarios que nos han regalado sus perlas de sabiduría, ignorando olímpicamente las necesidades de los peruanos. Introducen al debate sus taras ideológicas y sus iluminadas interpretaciones. Incluso una senadora de Renovación Popular cae en los argumentos facilistas, como la oposición a la eliminación de los topes de tasas de interés, que no es más que permitir que 500,000 peruanos regresen a las entidades microfinancieras y a la formalidad, no a los bancos, para liberarse de los préstamos gota a gota que solo enriquecen a las mafias extorsionadoras.
Fuerza Popular responsablemente aprobó facultades delegadas a los sucesivos gobiernos que le precedieron desde el 2006 y dio gobernabilidad al Perú. Saben de la seriedad con que debe ser tratada una delegación del Parlamento Nacional, al cual al final tendrán que rendir cuentas. En la votación de las facultades sabremos quiénes apuestan por la gobernabilidad y la democracia y quiénes son los enemigos del Perú.






