Emprendedores schumpeterianos originaron ‘la multiplicación de los panes’
James de La Torre
Co Autor de ‘El crecimiento silencioso de la economía peruana 1821 – 2025’
Para Lampadia
Como se reseñó en artículos anteriores, la producción de alimento destinado al consumo interno del Perú se multiplicó más de cien veces desde la independencia. La expansión de la frontera agrícola, la adopción de nuevas tecnologías y la expansión de carreteras y caminos explican buena parte de este fenómeno. Sin embargo, queda una interrogante fundamental: ¿quiénes lo hicieron posible?

Toda transformación histórica requiere de personas con agencia, capaces de asumir riesgos.
El reconocido economista austríaco Joseph Schumpeter acuñó el concepto de ‘emprendedor’ para referirse a aquellos individuos que transforman la realidad económica.
Erik Reinert, heredero de la tradición schumpeteriana, lo explica en los siguientes términos: “el emprendedor schumpeteriano es un motor de la historia, un productor que empuja la frontera interminable del conocimiento introduciendo innovaciones. La dinámica del capitalismo es producida por estos empresarios que rompen la rutina” (2006, p. 15).
Son pocas las investigaciones dentro de las ciencias sociales que han estudiado a los agricultores como empresarios o emprendedores.
Sin embargo, en la práctica, actúan como tales: son expertos en su negocio, dominan técnicas productivas, conocen sus costos, su abastecimiento de insumos y sus mercados potenciales. En Perú, el ‘milagro de la multiplicación de los panes’ estuvo protagonizado por una suerte de clase media rural.
En su mayoría, los grandes hacendados estaban abocados a la producción de bienes de exportación (algodón, azúcar, lana), antes que alimentos para la población nacional (diferentes artículos de los tomos 4 y 5 del Compendio de la Historia Económica del Perú, publicados por el BCRP, dan cuenta de ello).
Además, buena parte de los terratenientes ni siquiera eran ‘empresarios’ en el sentido moderno. Más bien, se trataba de familias que alcanzaban cierto nivel de riqueza, no confiaban en un sistema financiero incipiente, y veían la compra de haciendas como una forma de resguardar su dinero.
En el otro extremo, se encontraba el campesinado pobre, al borde del hambre, que no disponía de recursos para invertir en modernizar sus actividades: nuevos cultivos, sistemas de riego, maquinarias. Cualquier cambio implicaba arriesgar lo poco que tenían.
Como muestra el estudio de Adolfo Figueroa (‘La economía campesina de la sierra del Perú’, 1981), lo ‘racional’ en ese contexto era replicar lo que sus padres y abuelos les habían enseñado.
Además, la mayor parte de esta población permanecía analfabeta y con escaso contacto con un mundo mucho más allá de los alrededores de su comunidad.
Ya Uriel García señalaba que “la aldea es un claustro montañero donde la acción del hombre tiene un límite constreñido, termina en el lindero del confín que no está lejos, en la vuelta del cerro que cabecea junto a ella. Cada pueblo es una cueva donde el hombre vive preso, en conformismo con su destino” (1930, p. 170).
En tal escenario, fue decisiva la existencia de una ‘burguesía’ o clase media rural capaz de liderar el cambio.
Se trataba de un subgrupo de agricultores que hablaban español, mantenían relaciones en los centros urbanos (capital social), contaban con educación formal y experiencia comercial.
Además, disponían de mayores tierras, ganado y dinero suficiente como para asumir riesgos.
En otras palabras, fueron individuos que supieron aprovechar las oportunidades cuando las redes viales conectaron sus localidades con mercados más amplios.
De esta clase media rural emergieron los agentes de la transformación del campo peruano.
En el sentido schumpeteriano, fueron ‘emprendedores’ capaces de invertir tiempo y dinero en aventuras comerciales.
No solo lideraron el proceso de cambio tecnológico en sus respectivos contextos y ampliaron la oferta agrícola, sino que activaron nuevos circuitos comerciales (intra e interregionales).
El rol de estos productores debe de ser revalorado, pues -en gran medida- ha sido relegado: la mayor parte de la literatura ha puesto énfasis en los campesinos pobres y los terratenientes, obviando el papel fundamental de las clases medias rurales.
Lampadia






