Entrevista a Juan Carlos Odar
Perú21, 24 de agosto del 2026
Nicolás Castillo Arévalo
Incertidumbre. Para el economista, la falta de experiencia de los nuevos alcaldes y gobernadores puede retrasar la reconstrucción de ocurrir El Niño.
El economista Juan Carlos Odar analizó los efectos de El Niño y cuestiona que la gestión anterior redujera la inversión para mostrar una situación fiscal favorable.
Considerando la experiencia pasada, ¿cuáles se puede decir que son las variables o los canales a través de los cuales impacta El Niño?
¿El sector servicios también se ve afectado?
El Niño, además de golpear a las personas que dependen de esos sectores o son víctimas de los desastres, ¿cómo repercute en el resto de la población?
Dado que representa un problema en la oferta de bienes que se da sobre todo en la parte agrícola, incide en los precios. Empiezan a subir los precios de los productos cuyo transporte se ve bloqueado o interrumpido en ciertos lugares, como hemos visto en episodios anteriores. En 2017, por ejemplo, lo que saltó muchísimo fue el precio del limón.
¿El tipo de cambio también se ve afectado?
Con respecto al tipo de cambio, si vemos la experiencia de episodios anteriores, no siempre ha habido una presión al alza; eso ha dependido de otros factores, como si el fenómeno tiene, en simultáneo, impacto en productos importados, sobre todo cereales y otros alimentos que vienen de otros países de Sudamérica. Ahí sí puede haber presión al alza sobre el tipo de cambio, en la medida en que nos cuesta más importar esos productos: hay un mayor flujo de salida de dólares, lo que presiona el tipo de cambio. Pero que esa alza se manifieste o no depende también de hasta qué punto, en ese momento, el Banco Central decide intervenir.
¿Qué dice el pasado sobre hasta cuánto puede acelerarse la inflación con este fenómeno climático?
La inflación puede tener un salto de alrededor de 120 a 150 puntos básicos (1.2 o 1.5 puntos porcentuales), aunque depende de la magnitud e intensidad del fenómeno. Además, ese incremento de precios no necesariamente se manifiesta todo en un solo año; parte de ese efecto puede trasladarse al año siguiente.
Por el lado del comercio exterior, ¿cuáles son los efectos?
Uno es que vas a tener menos producción y, por lo tanto, un efecto negativo en las exportaciones. Por otro lado, en la medida en que dejas de producir ciertos bienes, para seguir abasteciendo vas a tener que importar más. Entonces, las dos cosas influyen. Y también podría haber casos en los que los bienes que importas, como los cereales, se encarezcan, lo que también hace que la balanza comercial se vea más afectada.
¿Qué dice el pasado sobre la importancia de la prevención? ¿Esto puede evitar que el golpe sea mayor?
Ahí hay un tema bien importante: en la gestión anterior se tuvo una visión bastante reactiva y no preventiva. Eso significa que no se hizo mucho en términos de limpieza de ríos, descolmatación y actividades de prevención, por ejemplo, en mejorar la provisión o la calidad de la infraestructura pública. Eso, en cierto modo, ayuda a explicar por qué el déficit fiscal ha ido cayendo en los últimos meses, pero complica la posición inicial del Gobierno actual, porque va a tener que empezar a realizar el gasto preventivo o las actividades de recuperación que no hizo la gestión anterior, y eso va a significar que el déficit empiece a subir.
¿En cuánto puede llegar a subir el déficit?
A julio, el déficit ya se ubicaba en 1% del PBI y, a partir de ahora, en la medida en que haya más actividades de recuperación o prevención, vamos a ver mayor gasto y, por lo tanto, ese mayor gasto va a hacer que el déficit empiece a subir. Ahora, qué tan rápido y hasta qué punto lo va a dejar subir el nuevo gobierno, eso lo vamos a ver en la cancha. El límite para este año estaba en 1.8% del PBI, así que probablemente hacia ahí se dirija o cerca de eso. Habrá que ver también cuál es el escenario que termine planteando oficialmente el Gobierno, que debería salir en aproximadamente una semana.
Este Gobierno, y las cifras lo respaldan, ha señalado que no hubo prevención. ¿Todavía hay tiempo?
La velocidad de la reconstrucción es clave. Si me demoro mucho en reponer, por ejemplo, una ventana rota, aunque el gasto sea, en el fondo, positivo para reactivar la economía, ese efecto positivo tarda en llegar. Yo diría que hay riesgos a varios niveles. El primero es que muchas veces hay inercia: si algo no se venía haciendo, es difícil empezar de un momento a otro, y luego hay que terminar la obra antes de que empiece la lluvia o el fenómeno con fuerza, así que ahí ya vamos con retraso.
¿Cuáles son los otros riesgos?
Lo otro importante es que estamos en un año de cambio de autoridades regionales y locales, que son las que canalizan la mayor parte de la obra pública que hay que realizar. Entonces, cabe preguntarse qué incentivo tiene un gobernador regional o un alcalde saliente para ejecutar obras que luego, de repente, ni su partido va a poder capitalizar. Ahí hay una visión de que, si no hay un riesgo inmediato evidente, entonces no se actúa. Además, el próximo año entran nuevas autoridades que no necesariamente están preparadas para eventos de esta naturaleza, y la experiencia muestra que la inversión pública suele caer de forma importante cuando entran nuevas autoridades. Eso, con mayor razón, puede ocurrir ahora. Eso significa que la prevención no necesariamente se va a ejecutar a tiempo, o que la reconstrucción no va a ser tan rápida, y eso sí genera efectos negativos: cuanto más lenta sea la reconstrucción, más duradero es el impacto. Ahí es donde yo veo el mayor riesgo.






