Jorge Yzusqui
Perú21, 7 de agosto del 2026
«En los últimos años, hemos tenido una alta rotación de ministros, viceministros y funcionarios…La educación necesita estabilidad».
El inicio de un nuevo gobierno siempre viene con una larga lista de demandas para el sector educación. Todas son importantes. Sin embargo, si realmente queremos aprovechar los próximos cinco años para que más niños logren sus aprendizajes, debemos enfocarnos en lo que hace que las demás reformas funcionen. A mi juicio, existen cuatro prioridades.
Primero: asegurar la continuidad de las políticas educativas. En los últimos años, hemos tenido una alta rotación de ministros, viceministros y funcionarios. Cada cambio trae nuevas prioridades, modifica equipos y deja iniciativas inconclusas. La educación necesita estabilidad. Las políticas más importantes deben trascender a las personas y a los gobiernos.
Segundo: debemos rediseñar la gobernanza del sistema educativo. Las responsabilidades entre el Ministerio de Educación, los gobiernos regionales y los gobiernos locales siguen siendo difusas. Necesitamos una arquitectura institucional que defina con claridad quién diseña las políticas, quién las ejecuta, quién acompaña y quién rinde cuentas por los resultados.
Tercero: reinstalar la meritocracia y fortalecer la carrera docente donde los ascensos y reconocimientos respondan al desempeño y al desarrollo profesional. De lo contrario, cualquier reforma educativa termina premiando la antigüedad y el cargo, no el aprendizaje de los estudiantes.
Cuarto: revisar la estructura del presupuesto. Repetimos constantemente que el estudiante debe estar en el centro del sistema, pero cuando se analiza cómo se distribuyen los recursos, la mayor parte no llega directamente a fortalecer los aprendizajes ni a brindar el soporte que requieren las escuelas. Es momento de alinear el presupuesto con aquello que genera aprendizajes en los alumnos.
No son las únicas tareas pendientes, pero sí cuatro cimientos indispensables para que cualquier reforma no corra el riesgo de quedarse solo en el papel.






