Andrés Balta
Perú21, 2 de julio del 2026
El gobierno de Keiko Fujimori debe sustentarse en una gestión excelente, hípertransparente y de aplastante integridad. Si empieza así, nada detendrá el camino hacia la prosperidad. Debe emular al primer gobierno de su padre que estuvo divorciado del mercantilismo y tuvo oídos para la desregulación y la transformación del Estado, como formas eficaces para desincentivar y luchar contra la corrupción.
Un ejemplo asiático de revolución ética y cívica es la de Mr. Lee Kuan Yew, presidente fundador de Singapur que aplastó la corrupción de su país, nacido de la expulsión de Malacia, muy pobre, desunido y dividido y que lo convirtió en una estrella del Asia y en uno de los países de ingreso per cápita más altos del mundo.
La revolución ética y la transformación del Estado es lo importante. No es cierto que el 49.85% del Perú sea de izquierda. Tampoco es verdad que esa mitad, que votó por Sánchez, sea zurda en su mayoría. La gran mayoría de sus votos fueron antifujimoristas o antikeikistas. Sin embargo, a esas personas y a todos los peruanos en general se nos deben muestras de transparencia e integridad aplastantes. Esa es la tarea exigente y seria que debe acometerse y no la floja, frívola y fácil actividad de dar concesiones que preñan las componendas de un vergel o de una orgía mercantilista.
Muy pronto el techo de la izquierda en el Perú regresará a su histórico 15% que —en la ley de grandes números—, es el porcentaje zurdo promedio de cualquier pueblo del mundo.
Keiko no debe ir por esa cantaleta zurda y semizurda de consideraciones y concesiones al 49% de personas que no voto por ella, salvo por la atención directa a todos los peruanos, con la Constitución en su mano. Yo le pido y hasta la conmino a eso que es lo relevante, serio y exigente.
Señora Keiko, si algo requiere un estándar de 100 puntos de transparencia en la actuación de su gobierno, usted debe rodearse, propositivamente, con 200 puntos de sentido común y 300 de nota en integridad y transparencia. Las reglas de actuación de gobierno deben ser las del Código de Ética y Conducta del Perú. Las de normas cívicas que siempre deben ir más allá de la ley, promoviendo la autoexigencia ética como un cohete que se cargue a todos por encima.
Su gobierno, señora Keiko, si realmente quiere trascender, no solo debe ser correcto para la ley, sino convertirse en una aplanadora moral de actuaciones éticas y excelentes. En esto no se trata de aprobar con el estándar legal. En esto no ceda ni un milímetro, usted debe recibir la ovación ciudadana en cada obra y actuación del Estado y salir del “coso administrativo” —como valiente—, en hombros, cortando rabo y orejas en gestión e integridad.






