Uri Landman
Para Lampadia
En la obra del poeta Dante Alighieri, la Divina Comedia, los “tibios” son los indiferentes, pusilánimes y cobardes que no tomaron postura ni por el bien o por el mal en la vida. Dante los sitúa en el vestíbulo del infierno, son despreciados tanto por el cielo como el infierno y su castigo es correr eternamente tras una bandera blanca sin rumbo, mientras las avispas los pican. El poeta los considera enemigos, porque su pasividad e inacción moral traicionan los principios y la humanidad.
En el Perú encontramos a los “tibios” en las ONG caviares y en los medios de comunicación declarando que, a pesar de las decenas de irregularidades vividas en la primera vuelta, no hubo fraude.
Los tibios nos dicen que no hay pruebas fehacientes que hubo fraude. Para ellos los problemas en el reparto del material electoral solo en Lima (bastión de votos de la derecha), la demora de horas en la instalación de mesas, la necesidad de extender el horario de votación, el cambio de los locales de votación en el extranjero (otro bastión de votos de la derecha), la falta de un padrón electoral para las mesas de la serie 900K, la pérdida de material electoral, entre muchísimas irregularidades más, solamente son ineficiencias en la gestión de Corvetto al mando de ONPE. Algo absurdo de creer.
He podido leer a estos pseudo dueños de la verdad comentar que, si bien es necesario realizar una “exhaustiva investigación para encontrar responsabilidades”, ello no significa que los resultados de las elecciones deben ser cuestionados y que por el bien de la institucionalidad y de la democracia peruana, que los dos candidatos que hoy están en los primeros lugares, Fujimori y Sánchez, deben ser proclamados como ganadores y pasar a la segunda vuelta de una vez.
Estos tibios nos quieren engañar con el cuento que la estabilidad democrática es más importante que saber la verdad, cuando en realidad lo que buscan es acomodarse en el nuevo tablero político en busca de sus propios intereses ideológicos y financieros.
Algunos de ustedes pensarán que exagero y estas personas tienen presente el bien del país cuando afirman lo anterior. Para muestra un botón.
La ONG de izquierda Transparencia, cuyo presidente era Alvaro Henzler fue uno de esos “tibios” que afirmó que no hubo fraude y que “ellos no encontraron ninguna evidencia de irregularidades mayores y que todo transcurrió con total normalidad. No se puede alegar un fraude en esta elección.” ¿Cómo esta persona puede tener el descaro de realizar tamaña afirmación ante el peso de las evidencias? Una de las respuestas la encontramos en su historial laboral. Resulta que el señor Henzler le cobró al JNE la suma de 42,000 soles a través de su empresa Asociación Civil Lucaris por una consultoría en el año 2025 bajo el concepto de “motivación y sensibilización para taller de ejes estratégicos”. Puro humo.
Este no es un caso aislado. La misma empresa ha cobrado al estado miles de soles por concepto de consultorías todas seguramente inservibles. Dentro del largo listado de entidades estatales encontramos al Ministerio de Cultura, Ministerio de Educación, FONDEPES, Ministerio de la Producción entre otros. Este claro conflicto de interés obligó al señor Henzler a renunciar como presidente de Transparencia.
Ante los graves cuestionamientos, la ONPE se ha visto obligada a aceptar el pedido realizado por el candidato López Aliaga que se haga una auditoria a sus sistemas informáticos. Sin embargo, en ONPE creen que somos idiotas al contratar a una empresa como M & T Internacional para dicho trabajo. Esta empresa no tiene oficinas conocidas, sus números de teléfono no funcionan, cuyo correo no sirve, tiene dos empleados y ha sido inhabilitada anteriormente por OSCE. Desde esta columna pregunto: ¿No podían contratar una consultora de primer nivel como KPMG, Deloitte, Pricewaterhouse, Ernst & Young, Accenture y tantas otras que dan este tipo de trabajo especializado?
Todo indica que el fraude cometido en las elecciones ya está consumado y que pasarán a segunda vuelta Keiko Fujimori y el comunista Roberto Sánchez. Espero que esta vez los peruanos tengamos un poco más de pragmatismo y amor por el país y no votemos por alguien como Sánchez, que quiere destruir todo lo ganado en los últimos 30 años con esfuerzo, sudor y lágrimas.
No nos dejemos llevar por los cantos de sirena de los “tibios”.
Parafraseando a Dante recordemos: “Los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en épocas de crisis moral”.
Lampadia






