Uri Landman
Para Lampadia
La semana pasada nuestra presidenta Keiko Fujimori, realizó una visita oficial a El Salvador ante una invitación de su mandatario Nayib Bukele. El motivo principal de este viaje, fue conocer de primera mano el famoso modelo “Bukele”, que acabó con las pandillas en El Salvador.
Este país centroamericano era uno de los más peligrosos del mundo con un pico de 141 homicidios por 100,000 habitantes en el año 1995. Al cierre del año 2025 la tasa se había reducido a 1.3 homicidios por 100,000 habitantes.
Para tener una idea de lo mal que está la situación en nuestro país y lo mucho que podemos aprender, basta decir que en el año 2025 se registraron 2,218 asesinatos y hasta el mes de octubre del presente año ya van 1,612 homicidios registrados por el SINADEF.
El plan “Bukele” para combatir la criminalidad es mucho más que la construcción de la mega cárcel conocida como CECOT o Centro de Confinamiento de la Corrupción y el Terrorismo.
La estrategia de pacificación de El Salvador empezó en el año 2019 con el Plan de Control Territorial.
En el año 2022 se implantó un régimen de excepción solicitado por Bukele y aprobado por mayoría en el congreso de ese país en 24 horas.
Algunas de las medidas constitucionales de este régimen de excepción contemplan la suspensión de garantías constitucionales, juicios grupales a los criminales, endurecimiento de las penas (45 años de cárcel por pertenecer a una pandilla), reducción de la edad de imputabilidad a 12 años para los menores.
En nuestro país los partidos de izquierda demoraron dos meses en aprobar un paquete recortado de facultades legislativas que tienen que ver con el FEN y la seguridad.
En el plano de infraestructura se construyó el CECOT, una cárcel diseñada específicamente para albergar a más de 40,000 criminales de alta peligrosidad con un régimen carcelario severo que elimina los beneficios penitenciarios, prohíbe las visitas, restringe el movimiento de los reclusos y hasta les prohíbe hablar en voz alta. En cada celda viven de 65 a 100 presos, duermen en literas de metal sin colchones ni sábanas y comparten dos inodoros y dos lavatorios.
Se implementó el control territorial con la participación activa de las FFAA en labores de patrullaje junto con la policía.
Todo lo anterior se pudo sostener en el tiempo gracias al financiamiento que recibieron las FFAA y policiales, la cuales pasaron por un proceso de modernización y profesionalización. Hoy en día las fuerzas del orden de El Salvador cuentan con tecnología, armamento de última generación, pero sobre todo la protección de la ley para realizar su trabajo.
Una medida muy interesante llevada a cabo fue la destrucción de la identidad de las pandillas en el Salvador. Se ordenó la eliminación obligatoria de pintas, grafitis, monumentos, tumbas etc. que hagan alusión a la Mara Salvatrucha o Barrio 18. Imaginen lo que dirían los rojos y sus ONG aliadas en nuestro país, si eliminamos todos los monumentos que se han construido para glorificar veladamente a Sendero Luminoso.
Muchos de nuestros políticos, incluida la presidenta, han prometido impulsar un Plan Bukele en nuestro país para acabar con el crimen. Ojalá no fracasen en el intento ya que no tienen la herramienta principal que hizo que el plan sea exitoso y eso se llama “Nayib Bukele”.
El presidente Bukele estuvo dispuesto a “comprarse” el problema y luchar en todos los frentes. Con apoyo de la Asamblea Legislativa de El Salvador, realizaron las reformas al Poder Judicial, al Ministerio Público y a la policía para sacar a los malos elementos de ambos organismos. Además, se modificó el Código Penal y cuanta ley fuera necesaria para empoderar al estado en su lucha contra la criminalidad.
En nuestro país, estas tres instituciones son paradójicamente las más corruptas de todo el estado. Cualquier plan “Bukele” está destinado a fracasar si antes no se ha extirpado el cáncer de la corrupción que tiene tomado el PJ, el MP y la PNP.
Por otro lado, el presidente Bukele contó con el apoyo mayoritario de la Asamblea Legislativa (Congreso) de su país. El nuestro está tomado por partidos de izquierda, quienes tienen mayoría y que parece defienden los intereses de bandas criminales en lugar de a los ciudadanos de bien.
Tiene mucha razón el presidente Bukele cuando dice: “Cuando un gobierno no combate efectivamente la criminalidad, no es porque no tenga capacidad de hacerlo, sino porque los cómplices de los criminales son los que están en el gobierno”.
Estamos seguros que la presidenta Fujimori tiene toda la intención de luchar contra la criminalidad, esperamos que tenga la decisión política y las herramientas legales para hacerlo, pese a quien le pese.
Lampadia






