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Roberto Abusada

¿Quién frena la caída?

Por: Roberto Abusada

Lima-Perú, 24/07/2020 a las 11:07am. Por Roberto Abusada

Por: Roberto Abusada

Fue Galileo, en el siglo XVI, quien descubrió que la gravedad actúa sobre los cuerpos independientemente de su masa. Un papel caería al suelo al mismo tiempo que una roca si no existiese la fricción de la atmósfera para suavizar su caída. De manera análoga, la caída libre que hoy sufre la economía pareció no encontrar, en el enrarecido ambiente político y la impericia del gobierno, freno alguno a su derrumbe. La grave causa prima de tal caída es la pandemia del COVID-19, pero a diferencia de lo sucedido en casi todos los países del mundo, en el Perú, el Ejecutivo y el Congreso se han dado maña para crear las condiciones que han promovido el desplome económico. Cómo sino explicar la magnitud de la recesión que se observa en el país con los fundamentos económicos más solidos de la región.

Ha llegado el momento de generar la atmósfera política que detenga la caída y que enrumbe al país al crecimiento. Un crecimiento que no bastará que sea como el de los últimos años de tan solo 3%, sino algo más vigoroso para evitar lo que puede ser una crisis social de magnitud insospechada durante esta década. Empezar a crecer el próximo año solo será un pequeño paso en el largo camino de la reconstrucción económica. Hoy todo el foco del gobierno debe, por tanto, centrarse en asegurar un rebote muy grande en el crecimiento del 2021. Para graficar de manera dramática el costo de no crecer fuertemente el próximo año, basta indicar que con la probable caída del 15% de este año, le tomaría al Perú más de ocho años para recuperar el ingreso per cápita que tuvo en diciembre del año pasado si la economía mantiene el crecimiento promedio del 3% de los últimos años. No basta por lo tanto detener la caída, sino que es preciso crecer mucho más rápidamente, empezando con un crecimiento de dos dígitos el 2021. Solo así se podrá evitar que el 2020 sea el primer año de una década perdida.

El cambio de gabinete de los últimos días representa un paso en la dirección correcta. El nuevo Premier deberá no solo conseguir de todas las fuerzas políticas el consenso para salvar la difícil situación, sino que requerirá además cohesionar al nuevo equipo ministerial alrededor de un conjunto de políticas económicas y sociales que permitan reenrumbar al país. Son dos los elementos claves que tienen que confluir para lograr ese objetivo. El primero es el de conseguir que el Congreso detenga su incesante producción de legislación populista y demagógica, y el segundo lograr poner en práctica un conjunto de medidas que restablezcan la confianza de consumidores y empresarios de todo tamaño. Ninguno de estos dos postulados es fácil de llevar a cabo, pero su consecución es imprescindible si se ha de rescatar del abismo a la Nación.

La designación de Pilar Mazzetti en el Ministerio de Salud y de jóvenes profesionales en las carteras de Trabajo, Energía y Minas y Economía constituyen un acierto en el proceso para lograr mitigar los efectos de la pandemia en la destrucción económica. Sin embargo, la recuperación de la confianza requiere de acciones valientes en el área de la inversión pública y en la actitud hacia la inversión privada. Esta última caerá en 30% durante este año. Por lo tanto, se requieren crecimientos de la inversión privada a tasas de dos dígitos en los siguientes años. Si bien la inversión pública puede ser direccionada con un gran golpe de timón que acabe con la ineficacia y corrupción que campean en todas las regiones del país, el impulso a la inversión privada requiere de decisiones fuertes y claras respecto a la puesta en marcha de los innumerables proyectos en minería e infraestructura hoy detenidos por confusiones ideológicas y burocracias asfixiantes (literalmente, en el caso de Arequipa). ¿Cómo explicar a las generaciones futuras que, en la hora de mayor necesidad de empleo y crecimiento, el Perú dejó paralizados decenas de proyectos imprescindibles incluyendo $ 57 mil millones en minería?

Hace casi medio siglo, el astronauta David Scott dejó caer una pluma y un martillo en la superficie desprovista de atmósfera de la luna viéndoseles llegar juntos al suelo comprobando el descubrimiento de Galileo. Contrariamente a lo que es cierto en la luna, el nuevo equipo ministerial deberá demostrar en la tierra que es capaz crear una atmósfera apropiada que frene la caída libre de la economía y la terrible destrucción del empleo.

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