Entrevista a Diego Macera
Perú 21, 3 de mayo de 2026
Nicolás Castillo Arévalo
El economista recibió reconocimiento otorgado este año a solo dos egresados y que distingue a quienes han demostrado liderazgo emergente y una contribución significativa al diseño y debate de políticas públicas en sus países.
ORGULLO. Diego Macera acaba de ser distinguido por la Escuela de Políticas Públicas Harris de la Universidad de Chicago al recibir el Rising Star Award, reconocimiento otorgado este año a solo dos egresados y que distingue a quienes han demostrado liderazgo emergente y una contribución significativa al diseño y debate de políticas públicas en sus países. Su trayectoria como economista comenzó en el IPE, desde donde se consolidó como una de las voces más influyentes del análisis técnico y la discusión económica nacional. Hoy integra el directorio del BCR y del Consejo Fiscal, dos de las instituciones técnicas más importantes del país. En esta entrevista reflexiona sobre esta distinción y analiza los principales desafíos que enfrenta el Perú en materia de políticas públicas.
¿Qué significa recibir el Rising Star Award de Harris, considerando lo referente de esta escuela en políticas públicas a escala global?
Es un orgullo muy grande. La escuela de Políticas Públicas de la Universidad de Chicago es un motor de influencia a nivel global y ha sido muy bonito regresar a ver profesores, estudiantes y colegas que vinieron a la cena de premiación, y en general reencontrarme con una comunidad universitaria siempre dinámica.
Según Harris, el premio reconoce el impacto temprano de sus estudiantes en las políticas públicas de sus países. ¿En qué momento de tu carrera consideras que tu trabajo empezó a tener ese impacto?
Más que yo, creo que las instituciones en las que he tenido el privilegio de estar en estos años han tenido un buen impacto. Desde el Instituto Peruano de Economía (IPE), donde llevo ya más de 10 años, el BCRP, el Consejo Fiscal y el diario El Comercio, cada uno a su manera intenta contribuir al desarrollo e institucionalidad en el país. Siempre he tenido, además, la suerte de trabajar con excelentes equipos.
¿Qué crees que valoró Harris de tu trayectoria en nuestro país?
Creo que contribuyó el haber pasado por diferentes roles con responsabilidad en instituciones que apuntan todas hacia un objetivo común de progreso económico, buenas políticas públicas, y mucho de lo que se enseña precisamente en la Universidad de Chicago.
¿Cómo viene influyendo tu paso por Harris en tu rol como director del BCR, el Consejo Fiscal y el IPE?
Es una escuela que se orienta bastante al análisis cuantitativo, basado en evidencia, de las políticas públicas. La Universidad del Pacífico, donde hice el pregrado, tenía un enfoque similar. Eso ayuda a formar una manera de ver el mundo. Las buenas intenciones políticas pueden ser necesarias, pero no son suficientes. Se requiere siempre análisis cuidadosos de las consecuencias, a veces imprevistas, de decisiones que en ocasiones se toman apuradas o a la mala. Y, cuando se comunican bien, deberían funcionar como antídoto al populismo.
¿Qué políticas públicas que profundizaste en Harris no tienen o han tenido el impacto esperado en el Perú debido a la pobre institucionalidad peruana?
Una de las características centrales de muchos modelos internacionales de economía política es que suponen que hay partidos políticos medianamente estables y que —aunque imperfectos y con sus ideas buenas o malas— se preocupan siquiera en parte por el bienestar colectivo. Son grupos de personas que perduran por décadas y tienen incentivos para proteger su marca y hacer bien su trabajo. Eso en el Perú es más difícil de encontrar y es una de las razones de fondo de por qué hemos llegado a esta situación. Si buena parte de protagonistas políticos son oportunistas introducidos al sistema por partidos cascarón o si la lógica de la estructura de los partidos es más de prebendas que de visión país, entonces hay que empezar a buscar modelos internacionales más elementales, incluso de consensos de reformas de primera generación; es decir, asuntos que ya pensábamos que habíamos superado hace décadas.
¿El BCR sería un buen ejemplo en términos de diseño de políticas?
Legalmente, el BCR tiene la enorme ventaja de la protección constitucional y de su propia ley orgánica. Pero, además, el ordenamiento interno basado en meritocracia, profesionalismo y seriedad han dado resultados realmente extraordinarios a pesar de periodos políticos convulsos. El equipo es excelente. Se podría empezar sacando lecciones de lo que ha funcionado en el BCRP y cómo replicarlo —en la medida de lo posible— en el resto del aparato público.
El propio BCR y el Consejo Fiscal han alertado que el Congreso está pasando por alto sus opiniones. ¿En el Perú, la influencia técnica en la toma de decisiones públicas qué tan efectiva es?
Hay una pérdida de respeto generalizada, global, por la opinión técnica. Lo recogía bien Tom Nichols en su libro La muerte del expertise. Pero el caso del Congreso peruano probablemente es más grave. Se desoyen regularmente opiniones de expertos en varias materias. En el campo económico, una de las opiniones que más debería pesar es la del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), pero este último ha asumido una posición más bien pasiva en los últimos años. De ahí el problema fiscal que se viene gestando con velocidad.
¿Qué debemos hacer para que las próximas cámaras del Congreso tomen en cuenta las recomendaciones de las autoridades en materia económica?
Son autoridades electas y tienen el derecho de hacer legislación de forma independiente, siempre que cumplan con los procesos y la Constitución. Aún así, hay algunos temas de procedimiento que deberían ayudar. Por ejemplo, hace algunos años colaboramos con un proyecto de ley —justamente con algunos profesores de la Universidad de Chicago— para mejorar el análisis costo-beneficio de las leyes. Esa oficina de análisis, que ya existe en el Congreso, debería fortalecerse, aunque no sea vinculante. Otro espacio evidente es la coordinación más estrecha del Ejecutivo y Legislativo en temas fiscales. Aquí sí debería ser vinculante el artículo 79 de la Constitución, que estipula que el Congreso no tiene iniciativa de gasto.
¿Qué reformas urgentes necesitamos para que no se sigan vulnerando las cuentas fiscales?
Ni siquiera se trata de una reforma, sino simplemente de hacer respetar lo que ya existe, el artículo 79 de la Constitución al que hacía referencia antes. Para eso, necesitamos una aclaración de parte del Tribunal Constitucional. Y, aun así, si la dinámica entre Ejecutivo y Legislativo sigue la trayectoria de los últimos años, no va a haber mucho que se pueda hacer.
Ante el hecho de que se vulneren las reglas fiscales o se posterguen, ¿estas siguen siendo válidas como políticas prudenciales?
Deben servir como guía de hasta dónde podemos forzar las cuentas. Ya van tres años seguidos de incumplimiento conjunto, y este año no se ve mucho mejor. Tampoco el 2027. Y eso que estamos en el mejor momento histórico de precios internacionales. Es una barbaridad. Estamos pagando el mínimo de la tarjeta de crédito cuando deberíamos estar ahorrando. El próximo gobierno va a entrar con un espacio fiscal mucho más justo, y desde el Consejo Fiscal hemos saludado esta semana que el MEF haya reconocido lo difícil de la situación. Cambiar las reglas cuando las incumples no es lo ideal, menos en este contexto; pero si quiere evaluar esa ruta, se podría hacer solo con sustento sólido, evaluación del Consejo Fiscal y una discusión abierta y técnica.






