Marco Antonio Merino
Perú21, 9 de mayo del 2026
«El Perú tiene un problema estructural: actuamos cuando la crisis explota. Esperamos que el conflicto social estalle para recién reaccionar».
Soy marketero desde hace más de 30 años y he visto muchas campañas publicitarias realizadas con la creencia de que resolverán todos los problemas de comunicación. Y si bien la publicidad ayuda, no puede resolverlo todo.
El Perú posee una de las mayores riquezas minerales del planeta. Somos potencia en cobre, oro, plata y zinc. La minería sostiene buena parte de nuestra economía, genera empleo y representa una fuente estratégica de desarrollo. Pero, nunca hemos logrado convertirla en un elemento de orgullo nacional.
Mientras la gastronomía peruana conquistó el mundo, la minería quedó atrapada en una narrativa fría y defensiva. Se habló de toneladas, exportaciones y crecimiento del PBI, pero nunca se construyó un vínculo emocional con la gente.
Durante años, el sector minero y buena parte del empresariado actuaron bajo una lógica peligrosa: mientras los precios internacionales acompañaban y las utilidades crecían, no había necesidad de invertir seriamente en reputación, legitimidad social ni construcción de confianza. Hasta que llegó la tormenta.
Hoy vemos las consecuencias: una percepción extendida que asocia minería con abuso, contaminación y desigualdad. Las recientes campañas prominería no han generado el impacto esperado porque nacen desde la reacción, no desde la construcción.
Ese es quizás el mayor error del sector: creer que la reputación se administra en tiempos de crisis.
La izquierda y los movimientos antimineros entendieron algo que muchas empresas ignoraron durante décadas: las batallas modernas no se ganan solo con cifras, sino con emociones y relatos. Mientras el sector hablaba de inversión y canon, otros hablaban de agua, dignidad y abandono.
Y en comunicación, quien conecta emocionalmente suele imponerse sobre quien simplemente informa.
El Perú tiene un problema estructural: actuamos cuando la crisis explota. Esperamos que el conflicto social estalle para recién reaccionar. Eso debe cambiar.
La minería necesita dejar de verse únicamente como una industria extractiva y empezar a entenderse como una industria de confianza social. El reto ya no es solamente extraer minerales; es construir legitimidad y sentido de pertenencia.
Implica presencia permanente en las comunidades y no solo cuando aparece un conflicto. Implica comunicar con humanidad y no únicamente con cifras. Pero sobre todo, implica entender que el silencio también comunica.
La minería peruana aún tiene una enorme oportunidad. Lo que se necesita es una estrategia de legitimidad social y construcción de confianza de largo plazo.
Porque los minerales pueden sostener la economía de un país. Pero sin legitimidad social, ninguna industria es sostenible.






